Greenpeace alertó por la pérdida de bosques nativos en el norte del país y reclamó controles, prevención y políticas públicas para reducir los riesgos ante eventos extremos.
La crisis climática ya se expresa en olas de calor, incendios forestales, inundaciones y sequías, con impactos que afectan a millones de personas en todo el mundo. Greenpeace advirtió que la respuesta requiere decisiones concretas, políticas públicas sostenidas y controles efectivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, disminuir progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles y proteger los ecosistemas.
El último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente indicó que, en 2024, la temperatura media global superó por primera vez el umbral de 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales en el promedio anual. Ese dato no implica que el límite fijado por el Acuerdo de París haya sido excedido de manera sostenida, pero representa una señal de alarma sobre la velocidad del calentamiento global.
En Argentina, la organización señaló que la pérdida de bosques nativos redujo las defensas naturales de los territorios. Según su relevamiento satelital anual, durante 2025 fueron desmontadas 94.204 hectáreas en Santiago del Estero, Chaco, Salta y Formosa, mientras que otras 116.498 hectáreas resultaron afectadas por incendios forestales. La superficie total perdida en el norte argentino llegó a 210.702 hectáreas, un 40 % más que en 2024.
Greenpeace sostuvo que la destrucción de los bosques afecta a la biodiversidad, a comunidades campesinas e indígenas y a la capacidad de los suelos para retener agua y nutrientes. También advirtió que estos ecosistemas intervienen en la regulación del clima, el almacenamiento de carbono y el ciclo del agua. En Santiago del Estero, alrededor del 80 % de la superficie desmontada en 2025 estaba ubicada en zonas donde la actividad no está permitida.
La organización también planteó la necesidad de reforzar la preparación frente al fenómeno de El Niño, asociado al calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. Para el último trimestre de este año, el Servicio Meteorológico Nacional prevé la continuidad de la fase cálida, con una intensidad fuerte o muy fuerte. El fenómeno puede aumentar las probabilidades de precipitaciones abundantes, crecidas de ríos, anegamientos y tormentas en algunas regiones, mientras que otras podrían enfrentar déficits de lluvia y problemas de disponibilidad de agua.
Ante ese escenario, Greenpeace reclamó fortalecer los sistemas de alerta temprana, la prevención, los ordenamientos territoriales, la protección de cuencas y la participación de las comunidades. También pidió acelerar la reducción de emisiones, avanzar hacia una transición energética justa, proteger bosques nativos y humedales, aplicar la Ley de Bosques y garantizar recursos para prevenir incendios y adaptar al país al cambio climático.