El presidente revirtió la ventaja de Flávio Bolsonaro con una mayor participación electoral, cambios en Minas Gerais y una campaña enfocada en la economía, la seguridad y las redes sociales.
Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo un nuevo mandato al imponerse en el balotaje de Brasil frente a Flávio Bolsonaro, después de haber quedado en desventaja en la primera vuelta. El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), de 80 años, sumó más de 10 millones de votos en las tres semanas entre ambas rondas, mientras que su rival incorporó 3,6 millones. La diferencia final fue mayor que la que Lula había conseguido en 2022 frente a Jair Bolsonaro.
La participación electoral fue uno de los factores de la remontada. La abstención descendió del 21,08% al 19,2% aproximadamente, lo que llevó a cerca de tres millones más de brasileños a las urnas. Lula también revirtió el resultado en Minas Gerais: pasó de perder por casi 590.000 votos en la primera vuelta a ganar por unos 99.000 en el balotaje. Además, se impuso en las capitales de São Paulo y Río de Janeiro, revirtió el resultado en la ciudad de Río y ganó en los nueve estados del nordeste.
La campaña reforzó el trabajo en redes sociales y buscó convertir el respaldo existente en asistencia a las urnas. También incorporó medidas vinculadas con las preocupaciones económicas de los votantes, como la ampliación del límite de facturación para los microemprendedores individuales y nuevas propuestas para renegociar deudas de consumidores. Lula defendió además el fin de las apuestas en línea y apoyó reducir a 16 años la edad de responsabilidad penal para delitos especialmente graves, en respuesta a la demanda de mayor firmeza frente al crimen.
El próximo mandato estará condicionado por la composición del Congreso. La derecha ocupará 303 de las 513 bancas de la Cámara de Diputados, frente a 124 de la izquierda y 86 del centro, mientras que en el Senado concentrará cerca de dos tercios de los escaños. En los gobiernos estatales, el Partido Liberal obtuvo cinco gobernaciones; Republicanos y el Partido Progresista, cuatro cada uno; el PT, cuatro, y el Partido Social Democrático, cinco. Lula deberá negociar con el Poder Legislativo y con los gobernadores para impulsar sus políticas.
El costo de vida, las deudas familiares, las restricciones fiscales, el déficit, la deuda y las altas tasas de interés serán parte de los desafíos económicos. Tras la elección, el presidente afirmó: “Una vez que ganamos la elección, ya no tenemos adversarios. Tengo que gobernar para 215 millones de personas”. También señaló: “Yo no elegí al Congreso. Lo eligió el pueblo. Y es con ese Congreso con el que voy a votar, trabajar y sacar adelante las cosas”.
En política exterior, el triunfo de Lula evitó que Brasil se sumara a los gobiernos de derecha aliados de Washington y abrió una nueva etapa en su relación con Donald Trump. El mandatario buscará preservar la autonomía brasileña, con China como principal socio comercial, y podría apoyarse en la economía, las inversiones, el comercio y el Mercosur para ejercer liderazgo regional. El analista Michael Paarlberg sostuvo que el escenario latinoamericano es diferente al de los primeros mandatos de Lula y consideró que el resultado mostró un límite electoral para la extrema derecha, en particular para el bolsonarismo.