El observatorio, lanzado en noviembre de 2004, tuvo su última supervisión el 20 de octubre y volvería a la atmósfera durante las próximas semanas.
El telescopio espacial Swift de la NASA se prepara para un reingreso incontrolado a la Tierra luego de casi 22 años de operaciones. La agencia estadounidense indicó que la mayor parte de la estructura se desintegrará durante el paso por la atmósfera, aunque algunos fragmentos podrían llegar a la superficie.
La órbita del observatorio define una franja potencial de caída que se extiende desde el centro de México hasta amplias zonas de Sudamérica, además de regiones oceánicas. Argentina está incluida en ese corredor posible, pero no existe una zona de impacto confirmada ni certeza de que el país reciba restos. La NASA considera baja la posibilidad de que los fragmentos ocasionen lesiones o daños materiales.
Swift realizó su última supervisión el 20 de octubre, cuando se encontraba a menos de 275 kilómetros de altura. La resistencia de la atmósfera a ese nivel comenzó a dificultar la orientación de sus instrumentos y aceleró el final de la misión. La NASA había analizado con la empresa estadounidense Katalyst Space una maniobra con la nave robótica LINK, lanzada en julio, para capturar el telescopio y llevarlo a una órbita más alta, pero el plan fue descartado en agosto.
El observatorio había sido diseñado para funcionar durante dos años, pero superó ampliamente ese período. En su trayectoria detectó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y más de 1.400 supernovas, y sus observaciones contribuyeron a la publicación de alrededor de 7.000 artículos científicos. También dejó un archivo público de aproximadamente 12 terabytes y más de 1,5 millones de imágenes, que seguirá disponible para nuevos estudios.
Una de las capacidades centrales de Swift era localizar estallidos de rayos gamma y orientar sus instrumentos hacia el origen en aproximadamente un minuto. En 2005 detectó por primera vez el resplandor posterior de un estallido corto cuya emisión duró 0,03 segundos. Esa observación aportó evidencia a la hipótesis de que estos eventos pueden producirse por la fusión de dos estrellas de neutrones. La NASA busca alternativas para conservar esa capacidad de respuesta frente a fenómenos astronómicos transitorios.