La marca de trajes de baño y ropa deportiva atribuyó la crisis a la caída del consumo, el aumento de las importaciones y la falta de ingresos para afrontar sus compromisos.
Planeta Agua S.A., sociedad propietaria de Class Life, solicitó la apertura de su concurso preventivo luego de declarar un pasivo de $1.581,6 millones al 3 de septiembre de 2026. La medida fue dispuesta el 14 de octubre de 2026 por el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 17.
En el acta de directorio del 9 de septiembre, la empresa explicó que la retracción de las ventas afectó el cumplimiento de obligaciones con bancos, proveedores y organismos fiscales. También señaló que la reducción de la inflación no se tradujo en una recuperación del consumo y que los ingresos quedaron por debajo de los costos operativos y financieros. “La falta de las ventas proyectadas colapsó la planificación y el flujo de caja”, reconoció la firma.
La deuda declarada se divide en $843,5 millones de créditos sin privilegio y $738,2 millones de créditos con privilegio general. Entre los principales compromisos aparecen más de $606 millones correspondientes a planes de pago con ARCA, además de obligaciones con entidades financieras, proveedores de materias primas y empresas del exterior de Hong Kong y Brasil. Los registros del Banco Central indicaban, a agosto de 2026, deudas financieras por $554,9 millones: Banco Provincia concentraba $497,1 millones y Banco Macro, $31,6 millones. También figuraban obligaciones con Credicoop, BBVA, Galicia, Mercado Libre y American Express, junto con 10 cheques rechazados por $19,9 millones. En ese mes, las entidades mantenían a la sociedad en situación 1.
Class Life comenzó a operar en la década de 1980, impulsada por Norma y Alberto Pardo, y luego amplió su oferta de trajes de baño hacia la ropa deportiva y las prendas para fitness. Llegó a contar con 24 locales en la Argentina y seis establecimientos en el exterior, en Uruguay, Chile, Colombia, Aruba y República Dominicana. En 2016 comercializaba alrededor de 200.000 bikinis por temporada en el mercado argentino.
La documentación presentada ante la Justicia incluye contratos de locales en la avenida Santa Fe y la calle Migueletes, en la Ciudad de Buenos Aires, además de una nómina de 30 trabajadores, algunos con más de tres décadas de antigüedad. La compañía produce sus propias prendas y hasta abril de 2026 fue propietaria del inmueble de Aráoz 1234, en Palermo, donde funcionaba su taller. La venta se concretó el 8 de abril y la firma acordó permanecer allí por un plazo máximo de un año, sin pagar alquiler, mientras busca otro establecimiento para trasladar máquinas e insumos.
La empresa vinculó sus dificultades con la caída del consumo interno y el ingreso de prendas importadas, que, según su planteo, afrontan menores cargas impositivas y laborales. El relevamiento más reciente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria indicó que más del 70% de las firmas consultadas registró una baja de ventas en julio y agosto, mientras que el 86% señaló a la falta de demanda como su principal problema. Entre enero y agosto ingresaron 35.068 toneladas de prendas importadas por u$s534 millones, un 54% más en cantidades que durante el mismo período anterior, y la producción local cayó 11,4% en agosto, con 14 meses consecutivos de retroceso.