El criterio se vuelve la principal diferencia entre los líderes y la inteligencia artificial

La capacidad de cuestionar las recomendaciones de una herramienta y asumir la responsabilidad por las decisiones gana peso en la evaluación de ejecutivos.

En los procesos de búsqueda de ejecutivos, el dominio del lenguaje de la inteligencia artificial y de los agentes inteligentes ya no alcanza para diferenciar a un candidato. También comienza a ser decisiva su capacidad para explicar una decisión concreta que haya tomado en contra de lo que indicaban los datos.

El acceso a la información se democratizó. Con una herramienta de inteligencia artificial y quince minutos, un gerente puede resumir doscientas páginas de un informe regulatorio o comparar a media docena de competidores, tareas que antes podían demandar semanas de trabajo a un equipo de estrategia. Por eso, cuando todos cuentan con acceso a una inteligencia similar, el criterio aparece como el factor que distingue a quien lidera de quien se limita a ejecutar sugerencias.

Ese criterio supone reconocer cuándo confiar en una propuesta de la IA, cuándo ponerla en duda y cuándo decidir en sentido contrario. Se construye a partir de la experiencia y de errores previos, especialmente de situaciones en las que los números indicaban una dirección y la experiencia sugería otra. Una investigación de Harvard Business Review mostró que, cuando los modelos de lenguaje recomendaban descartar a un candidato que había sido aprobado por un panel de expertos, los evaluadores humanos tendían a descartarlo.

La dependencia reiterada de recomendaciones que parecen razonables puede llevar a dejar de formular preguntas y generar una comodidad peligrosa. La inteligencia artificial no interpreta adecuadamente el contexto político de una organización, las dinámicas culturales que pueden hacer fracasar un cambio aparentemente lógico ni los intereses cruzados entre áreas. Esas señales débiles pueden definir el resultado de una decisión estratégica.

La forma en que las empresas ubican a la inteligencia artificial dentro de su cultura también expresa una definición de responsabilidades. Microsoft la denomina “copiloto”, no “piloto”. Además, el 72% de los CEOs consultados en una encuesta reciente de BCG afirmó que actualmente lidera de manera personal la agenda de inteligencia artificial de su compañía, el doble que apenas un año atrás.

La evaluación de líderes deberá incorporar una pregunta orientada al futuro: cómo decide una persona cuando la inteligencia artificial recomienda algo y su experiencia indica lo contrario. No existe una respuesta universalmente correcta, pero la manera de argumentarla puede revelar más sobre su capacidad de liderazgo que una certificación en herramientas de IA. Las organizaciones necesitan ejecutivos que conozcan los límites de esas herramientas, puedan desafiarlas cuando algo no cierra y asuman la responsabilidad por decisiones que ninguna máquina puede firmar por ellos.

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