El piloto argentino analizó las condiciones del Autódromo Hermanos Rodríguez antes del Gran Premio y advirtió por los efectos de la altura sobre los monoplazas.
Franco Colapinto llegó al paddock del Gran Premio de México con una camiseta mitad argentina y mitad mexicana, después del abandono en Austin y con la expectativa de volver a luchar por los puntos. Alpine acumula cuatro carreras sin sumar.
El argentino considera que el trazado del Autódromo Hermanos Rodríguez puede beneficiar a su equipo por las rectas extensas. «Tenemos un buen motor y rectas muy largas. Hay que ver cómo funciona el auto en la altura», declaró durante la previa de la carrera.
El circuito está ubicado a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar. Esa condición reduce la densidad del aire y la resistencia aerodinámica, pero también disminuye la carga sobre los autos y complica la refrigeración de los frenos y de otros componentes.
«Se genera mucha menos carga aerodinámica, las llantas se calientan más porque existe menos refrigeración y hay varias cosas distintas, pero tengo confianza en que puede ser un buen fin de semana», explicó Colapinto. Los equipos suelen recurrir en México a configuraciones de alta carga aerodinámica, pese a las velocidades que alcanzan los autos en las rectas.
El piloto de Alpine no participará de la primera práctica libre del viernes porque el equipo le cederá su auto a Gabriele Mini, integrante de su academia de jóvenes pilotos. Colapinto recién saldrá a pista en la FP2 y tendrá menos tiempo para ajustar el monoplaza antes de la clasificación del sábado.
El desafío será aprovechar las rectas sin perder rendimiento en el segundo sector, que tiene curvas de media velocidad, y en la zona del estadio. Tras el complicado fin de semana en Estados Unidos, Colapinto buscará recuperar competitividad en México.