El triunfo consolidó el ánimo del equipo de cara a una recta final con varios frentes, mientras River se alejó de otra vía hacia la Libertadores y mantiene dudas sobre su futuro.
El clásico dejó a Boca con una perspectiva favorable para el tramo decisivo de la temporada. Aunque no tuvo sus mejores actuaciones en los dos últimos cruces ante River, ganó ambos partidos y sostiene un horizonte con posibilidades de sumar títulos.
El equipo cuenta con variantes, juego, llegada al gol y una fuerte presencia anímica. Con varios frentes abiertos, deberá administrar sus fuerzas en los últimos metros de la competencia, pero avanza con confianza y con una posición fortalecida frente a sus rivales.
Para River, la derrota significó perder una oportunidad de modificar el escenario y tomar impulso en los objetivos de segundo orden que todavía tenía por delante. También quedó más lejos de acceder a otra posibilidad de disputar la Libertadores que no sea consagrarse campeón del Clausura, torneo en el que no aparece como candidato.
El conjunto deberá seguir atento a los resultados de otros equipos para asegurar su clasificación a la Sudamericana y conseguir una posición en su zona que, además de permitirle avanzar, evite que dispute todos los playoffs como visitante.
El futuro de River aparece atravesado por más interrogantes: aún no está definido quién será el entrenador y tampoco cuántos integrantes del plantel actual continuarán después de los fracasos individuales de este año. A ese panorama se suma la mala relación con la AFA, que no muestra señales de mejorar. Leonardo Ponzio, cuyo futuro también es incierto, consoló a los jugadores tras el partido.