Un informe de 2026 del Instituto Global de Seguridad Infantil Childlight advierte que uno de cada cuatro niños y adolescentes puede atravesar interacciones sexuales no deseadas o bajo presión en internet antes de cumplir los 18 años.
El grooming es una forma de violencia sexual digital en la que una persona adulta contacta a un niño, niña o adolescente con fines sexuales. El acercamiento puede darse mediante redes sociales, plataformas de videojuegos o servicios de mensajería, y en muchos casos incluye identidades falsas, edades simuladas y conversaciones orientadas a generar confianza.
El vínculo puede avanzar desde intercambios aparentemente inofensivos hacia pedidos de imágenes íntimas, amenazas, extorsión o sometimiento. El temor a que ese material sea enviado a familiares, amigos o compañeros de escuela puede llevar a la víctima a ceder ante las exigencias o a mantener el contacto con el agresor.
La psicóloga Sonia Almada (M.N. 22.366), fundadora de ARALMA y especialista en violencia sexual contra las infancias, señaló que estas experiencias pueden dejar consecuencias emocionales persistentes. Ansiedad, miedo, culpa, vergüenza, alteraciones del sueño, dificultades para concentrarse, aislamiento, irritabilidad y cambios en el rendimiento escolar son algunas de las posibles manifestaciones. También puede verse afectada la confianza en otras personas, la autoestima y la capacidad de pedir ayuda.
La reacción de cada víctima depende de factores como la edad, las amenazas recibidas, la duración de la situación y los recursos de apoyo disponibles. El miedo a la difusión de imágenes, la vergüenza y la posibilidad de recibir un castigo pueden dificultar que cuente lo sucedido. Almada advirtió que “el miedo paraliza” y sostuvo que la responsabilidad recae siempre en la persona adulta que ejerce la violencia.
Entre las señales que pueden requerir atención aparecen el aislamiento repentino, la angustia después de usar el celular, las modificaciones en los hábitos de sueño, el temor a recibir mensajes y la preocupación excesiva por mantener conversaciones en secreto. No existe una conducta única que permita identificar un caso, por lo que resulta importante que los adultos conozcan los espacios digitales que utilizan los chicos y construyan vínculos de confianza.
Cuando un niño o adolescente revela una situación de grooming, se recomienda escucharlo con calma, creer en su relato y evitar reproches, interrogatorios insistentes o culpabilizaciones. También es importante conservar los mensajes y otros elementos que puedan servir como prueba, evitar nuevas interacciones con el agresor, no redistribuir imágenes íntimas de menores y buscar orientación en los organismos de protección correspondientes. El acompañamiento psicológico puede ayudar a procesar lo ocurrido, trabajar la culpa y recuperar la seguridad personal.