Ultraprocesados: cómo reconocerlos y reducir su consumo sin descuidar el bolsillo

La lista de ingredientes y los sellos negros pueden orientar las compras. Especialistas recomiendan cambios graduales y reemplazos accesibles, sin prohibiciones.

Los ultraprocesados son formulaciones elaboradas industrialmente que suelen incluir ingredientes refinados, aditivos y componentes destinados a modificar el sabor, la textura o la conservación. Gaseosas, snacks, galletitas y platos listos forman parte de esta categoría, aunque pueden tener composiciones y perfiles nutricionales diferentes.

La nutricionista Gisela Odiard explicó que leer la lista de ingredientes es una de las principales herramientas para reconocerlos. Una enumeración extensa, con sustancias poco habituales en una cocina doméstica, puede indicar que es necesario prestar más atención. También señaló que los sellos negros permiten identificar excesos de azúcares, sodio, grasas o calorías, aunque esos octógonos no determinan por sí solos si un producto es ultraprocesado: esa clasificación depende de la formulación y del grado de procesamiento industrial.

El problema aparece cuando estos productos dejan de consumirse de manera ocasional y desplazan a frutas, verduras, legumbres y preparaciones con fibra, vitaminas y minerales. Odiard advirtió que una alimentación basada principalmente en opciones de baja calidad nutricional puede relacionarse con sobrepeso, resistencia a la insulina, hígado graso y problemas cardiovasculares. Aclaró que una galletita o una comida envasada no provoca por sí sola una enfermedad y que influyen la frecuencia, las porciones, el resto de la dieta y las condiciones de salud.

En hogares con presupuestos ajustados, el precio, la duración y el tiempo disponible para cocinar también pesan en las decisiones. Odiard mencionó frutas y verduras de estación, legumbres, huevos y cereales integrales como alternativas para preparar distintas comidas. Comparar precios por kilo o litro, revisar la alacena y planificar algunas preparaciones puede ayudar a evitar compras impulsivas. Las etiquetas que presentan un producto como “fit”, “natural” o “saludable” tampoco garantizan por sí mismas un mejor perfil nutricional.

La especialista recomendó reducir la frecuencia de consumo y hacer cambios conscientes y progresivos, en lugar de prohibir todos los productos de un día para el otro. Entre las opciones mencionó reemplazar gradualmente gaseosas o jugos en polvo por agua, preparar pochoclo casero, elegir fruta fresca, tostadas con queso o yogur con cereales, y dejar vegetales lavados o comidas ya preparadas para los días con menos tiempo. También destacó la importancia de incorporar alimentos variados y ricos en fibra, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, que aportan nutrientes utilizados por determinadas bacterias de la microbiota intestinal.

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