Tras las elecciones de medio término, los demócratas controlarán la Cámara de Representantes y el Senado. El nuevo Congreso asumirá formalmente el 3 de enero.
Donald Trump afrontará los últimos dos años de su mandato con ambas cámaras del Congreso bajo control demócrata, un escenario que limitará la aprobación de proyectos impulsados por su gobierno y condicionará sus principales iniciativas.
El presidente anticipó que utilizará el poder de veto para bloquear propuestas de la oposición y promover negociaciones. El 23 de octubre, cuando le preguntaron cómo trabajaría con un Congreso demócrata, respondió: “Veto todo”. En otra ocasión resumió su estrategia de este modo: “Vetás, vetás, vetás, y después vienen y dicen: ¿cómo lo resolvemos?”.
La nueva mayoría legislativa también permitirá a los demócratas impulsar investigaciones sobre la administración republicana, convocar funcionarios, exigir documentación y revisar decisiones del Poder Ejecutivo. Además, el control del Senado podría dificultar la confirmación de funcionarios y jueces propuestos por la Casa Blanca.
Ante las restricciones parlamentarias, la Casa Blanca prepara medidas para sostener su agenda mediante atribuciones presidenciales. El vicejefe de gabinete, Stephen Miller, y el director de presupuesto, Russell Vought, participan desde hace varios meses del análisis de órdenes ejecutivas y otras herramientas administrativas vinculadas con la política migratoria, los aranceles a las importaciones, el acceso a la vivienda y el manejo de los recursos públicos.
El equipo de Trump también evalúa los posibles conflictos judiciales derivados de esas decisiones y las respuestas ante eventuales citaciones y pedidos de información de los demócratas. Entre las herramientas consideradas figura el privilegio ejecutivo, que permite mantener bajo reserva determinadas comunicaciones internas de la Presidencia. Así, el mandatario combinará el veto legislativo con el uso de facultades ejecutivas para resistir los avances opositores.