Liderazgo empresarial: las decisiones postergadas y los errores repetidos también tienen costos

La forma de conducir puede afectar la productividad, la rentabilidad y la capacidad de competir cuando genera demoras, retrabajo o pérdida de confianza dentro de los equipos.

Las empresas afrontan costos que no siempre aparecen en sus balances: decisiones que se postergan, conversaciones pendientes, errores que se repiten y equipos que trabajan sin comprender las prioridades. Esas situaciones pueden impactar en la productividad, la rentabilidad y la capacidad de competir.

El liderazgo puede pensarse como la relación entre rumbo y velocidad. Quien conduce debe definir hacia dónde avanzar y construir una dirección compartida, pero la ejecución queda condicionada por el integrante que tiene menos claridad sobre el objetivo, carece de determinadas habilidades o espera autorización para cada paso. En mercados donde los clientes comparan alternativas y deciden con rapidez, las demoras internas pueden convertirse en oportunidades para la competencia.

Una visión compartida requiere acuerdos en cuatro dimensiones: la técnica, vinculada con los objetivos, los métodos y las responsabilidades; la espiritual, relacionada con el propósito; la emocional, necesaria para coordinar la intensidad, gestionar la presión y sostener el entusiasmo; y la de los hábitos, que transforma esas definiciones en comportamientos cotidianos. Cuando una empresa declara un propósito, pero premia conductas contradictorias, se deteriora la confianza y pierde credibilidad la palabra de sus líderes.

Entre los problemas de conducción aparecen las rutinas defensivas: justificarse antes de escuchar, buscar culpables, evitar información incómoda o rodearse de personas que siempre dan la razón. También existe la llamada ceguera cognitiva, que refiere a lo que quien lidera no sabe que no sabe, y aquello que reconoce pero posterga, como una decisión, una conversación o un cambio. Mientras se evita hablar sobre el desempeño, otros integrantes pueden absorber tareas, acumular frustración o repetir errores.

La comunicación también tiene consecuencias económicas. Las reuniones sin prioridades, responsables ni fechas consumen tiempo; las indicaciones ambiguas generan retrabajo, y ocultar un error impide corregir sus causas. Abordar estas situaciones requiere describir qué ocurrió, cuál fue su impacto y qué debe cambiar, con claridad y respeto. Si los resultados no alcanzan, también es necesario revisar las prioridades, los procesos y los recursos para evaluar una reconversión de habilidades, una modificación de la estructura o ambas.

El liderazgo híbrido propone que la conducción no quede concentrada en una sola persona: cada integrante debe asumir responsabilidades, advertir desvíos y proponer soluciones. A la vez, el estado de ánimo de quien lidera influye en su capacidad de actuar frente a los reveses. Reconocer avances, compartir logros, pedir ayuda, gestionar la presión y sostener hábitos de descanso y cuidado forman parte del entrenamiento invisible del líder. La calidad de las decisiones depende también de las condiciones en que se toman.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *