El organismo tenía en 2012 una capacidad de préstamo cercana a u$s1 billón, pero sus recursos permanecieron casi sin cambios durante los últimos 14 años, mientras el PIB mundial nominal creció de u$s76 billones a u$s118 billones.
Las tensiones sociales y fiscales que afectan al mercado de deuda soberana volvieron a poner bajo análisis el papel del Fondo Monetario Internacional (FMI) como respaldo ante eventuales crisis. La preocupación aumentó por los acontecimientos en Francia y por el riesgo de que se repita una crisis similar a la de la Eurozona de hace más de una década.
El debate también tiene relevancia para Argentina, que es el principal deudor del organismo, por encima de Ucrania. En ese contexto, la posibilidad de nuevas asistencias del Fondo vuelve a aparecer entre las alternativas mencionadas frente a escenarios de inestabilidad.
Durante la crisis de la Eurozona, en abril de 2012, distintos gobiernos comprometieron más de u$s430.000 millones para ampliar los recursos del FMI. Ese acuerdo llevó el total disponible por encima de u$s1,3 billones y dejó la capacidad de préstamo cerca de u$s1 billón. Sin embargo, durante los 14 años siguientes, el volumen prestable se mantuvo prácticamente estable.
El economista Michael Gavin señaló que el PIB mundial nominal pasó de u$s76 billones en 2012 a u$s118 billones en la actualidad, un incremento del 56%, o del 44% al ajustar por inflación. Según datos mencionados por la actual directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, la capacidad de préstamo cubría cerca del 2,5% de los pasivos externos globales en 1980 y el 1,5% en 2000; hoy representa menos del 1%.
La 16ª Revisión General de Cuotas contempla un aumento equiproporcional del 50% si se aplica por completo. Aun así, Gavin estima que la base de cuotas llegaría a u$s960.000 millones, apenas el 65% del objetivo histórico de aproximadamente u$s1,47 billones. Además, ese incremento reemplazaría recursos prestados y no modificaría la capacidad total de financiamiento del organismo.
La discusión sobre el tamaño del Fondo divide a sus miembros desde hace décadas. Las economías emergentes que pueden acceder a préstamos han reclamado ampliaciones de los recursos, mientras que los principales accionistas, en especial Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia, adoptaron posiciones más cautelosas. Un aumento general de cuotas requiere el respaldo de países que representen al menos el 85% de los votos; Estados Unidos posee por sí solo más del 15%.
En 2012, las principales promesas de aporte fueron de la Eurozona, por u$s200.000 millones; Japón, por u$s60.000 millones; Corea y Arabia Saudita, por u$s15.000 millones cada uno; Reino Unido, por u$s15.000 millones; Suecia y Suiza, por u$s10.000 millones cada uno; Noruega, por u$s9.300 millones; Polonia, por u$s8.000 millones; Australia y el Banco Nacional de Dinamarca, por u$s7.000 millones cada uno; Singapur, por u$s4.000 millones, y República Checa, por u$s2.000 millones.