La preparación lleva diez ingredientes y requiere unos 20 minutos de horno, después del reposo de la masa.
La focaccia es un pan chato de origen italiano, de textura esponjosa y superficie cubierta con aceite de oliva. Esta versión combina cebolla caramelizada, queso roquefort y nueces picadas.
Para la masa se necesitan 250 ml de agua caliente, 7 g de polvo de hornear, media cucharadita de miel, 350 g de harina común, 125 ml de aceite de oliva y una cucharadita de sal. La cobertura se prepara con una cebolla grande, una cucharadita de azúcar, 100 g de queso roquefort y nueces picadas a gusto.
El primer paso consiste en integrar el agua, la miel y el polvo de hornear, y dejar reposar la mezcla durante cinco minutos. Luego se incorporan 140 gramos de harina y 65 mililitros de aceite de oliva. Después de otros cinco minutos de reposo, se agrega el resto de la harina junto con la sal y se amasa hasta obtener una preparación suave.
La masa debe colocarse en un recipiente aceitado, cubrirse y dejarse descansar durante una hora. Mientras tanto, la cebolla se corta en tiras finas y se cocina a fuego bajo con aceite de oliva. Se suma el azúcar, se tapa la sartén y se mantiene la cocción durante diez minutos, con revoluciones ocasionales.
Con el horno precalentado a 200 °C, la masa se extiende sobre una bandeja aceitada presionándola suavemente con las yemas de los dedos y se pinta con aceite de oliva. Por encima se distribuyen la cebolla caramelizada, el roquefort desmenuzado y las nueces picadas. Se agrega un poco más de aceite y se hornea aproximadamente 20 minutos, hasta que la focaccia quede dorada.
La preparación puede servirse en una picada, acompañar distintas comidas o utilizarse como sándwich relleno de fiambres, quesos y vegetales.