La incertidumbre global y las turbulencias financieras golpearon a bonos y acciones locales, mientras el mercado cambiario se mantuvo relativamente estable.
Cuando todavía falta casi un año para las elecciones presidenciales, el Gobierno de Javier Milei instaló antes de lo previsto la discusión electoral y de candidaturas. El escenario combina dificultades internas, una economía estancada y un contexto internacional adverso, marcado por la derrota electoral de Donald Trump, el resultado menos favorable para Benjamin Netanyahu y el triunfo de Lula.
Los bonos soberanos y las acciones argentinas recibieron nuevos castigos, en parte por factores locales y en parte por la ola de ventas que atravesó a los mercados globales. También se conocieron caídas de fondos de cobertura como Walleye Capital y cierres de posiciones que, según operadores, redujeron fuertemente la demanda. En ese marco, el índice VIX escaló hasta niveles comparables con los registrados al comienzo de la Guerra en Irán.
La incertidumbre impulsó una rotación de carteras desde inversiones especulativas en tecnología e inteligencia artificial hacia empresas consolidadas, con ganancias y flujos de caja más previsibles. En el mercado local, los precios de bonos y acciones comenzaron a reflejar un escenario electoral, aunque esa dinámica todavía no se trasladó al tipo de cambio. Entre las alternativas mencionadas por operadores aparecen instrumentos ajustados por CER, como el TZXD6 y el TZXY7, además del bono Dual Tamar Dólar Linked TMVE8.
El frente cambiario mostró una evolución diferente. El Banco Central continúa comprando reservas con un tipo de cambio que se movió por debajo de la inflación, una estrategia que, según una ALyC, permite que el sector público reúna recursos para afrontar vencimientos, aunque también genera presión sobre un mercado cambiario que opera a la baja. La regla del techo de la banda resistió la prueba del shock de Brasil, pero el riesgo país volvió a subir tras la derrota de Trump en las elecciones de Estados Unidos y las nuevas turbulencias globales.
En las mesas internacionales señalaron que las monedas latinoamericanas enfrentan presiones divergentes por los mayores rendimientos estadounidenses, un dólar más fuerte y los riesgos políticos internos. El real brasileño sufrió un fuerte retroceso y se espera que llegue a 5,25 reales por dólar en 12 meses; para el peso mexicano proyectan 18,50 por dólar en tres meses. El peso argentino es considerado relativamente estable por la intervención del BCRA y la acumulación de reservas, pese a las mayores preocupaciones sobre el financiamiento.