La producción permanece sin avances desde comienzos del año pasado, el empleo privado registrado continúa cayendo y el crédito al sector privado se mantiene amesetado.
La economía real acumula señales negativas: la producción está estancada desde comienzos del año pasado, con desempeños dispares entre sectores, mientras que los segmentos que más empleo generan se encuentran entre los más afectados. La reconversión vinculada con las nuevas reglas de juego también atraviesa a las distintas actividades y contribuye a que no se detenga la destrucción de puestos privados registrados.
El consumo mantiene una dinámica débil, los ingresos de la población todavía no se recuperan y la inversión retrocede. A ese cuadro se suma un escenario internacional marcado por guerras, conflictos internos, desequilibrios fiscales y una profunda transformación tecnológica. En el plano local, la proximidad de las elecciones agrega incertidumbre por la posibilidad de que el rumbo económico sea respaldado por la mayoría o que se impongan alternativas orientadas a revertirlo.
El equilibrio fiscal y el crecimiento de las exportaciones aparecen como pilares para evitar desbordes monetarios derivados de déficits fiscales y problemas cambiarios asociados con una disponibilidad insuficiente de dólares. Sin embargo, el análisis plantea que esos avances pueden resultar insuficientes si no logran mejorar la percepción social sobre el camino económico. En ese marco, acumular dólares para afrontar una eventual corrida cambiaria antes de las elecciones debería ser considerado un plan alternativo, mientras que la prioridad sería evitar que ese episodio ocurra.
El freno de la producción coincidió con el estancamiento del crédito al sector privado, que comenzó a observarse a comienzos del año pasado. La actividad había crecido con fuerza desde mediados de 2024, pero cambió abruptamente su tendencia después del paso del crawling peg a las bandas en abril de 2025, un giro que implicó un endurecimiento de la política monetaria. La inestabilidad previa a las elecciones de medio término y el aumento de la morosidad profundizaron las dificultades.
Al aprobar el tercer tramo del acuerdo, el FMI señaló la necesidad de transformar los avances en estabilización en mayor crecimiento y creación de empleo. Entre las acciones prioritarias mencionó profundizar los mercados de capitales e hipotecarios para ampliar el financiamiento, impulsar la inversión privada y respaldar la demanda interna. Entre las herramientas posibles figura el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, cuyos recursos equivalen a alrededor del 12,1% del PBI y aproximadamente una cuarta parte de los cuales no está invertida en títulos públicos nacionales. También se plantea revisar impuestos que obstaculizan el crédito y avanzar hacia un régimen monetario y financiero capaz de ampliar los préstamos sin abandonar el equilibrio fiscal ni la prudencia monetaria.