A 105 días de firmar hasta diciembre de 2029, el nuevo número 10 suma cinco tantos y tres asistencias en 1.421 minutos.
Ángel Correa se convirtió en el refuerzo ofensivo de River con mayor desequilibrio entre los incorporados en 2026. En 1.421 minutos, participó directamente en ocho goles: marcó cinco y dio tres asistencias, con una intervención en la red cada 178 minutos.
Su producción también se refleja en el juego individual. Registra 3,73 gambetas exitosas cada 90 minutos, con una efectividad del 50% sobre 7,5 intentos por partido. La cifra supera los promedios de Thiago Almada, con 1,1 gambetas exitosas cada 90 minutos; Tobías Andrada, con 1,07; y Sebastián Driussi, con 0,63.
Fernando Kuyumchoglu, quien dirigió a Correa en San Lorenzo, había señalado en diálogo con Olé que sus principales virtudes eran “el control de espaldas, el giro para los dos perfiles y la gambeta en el uno contra uno”. Esos recursos le permiten al rosarino acercarse a la zona de definición, convertir o generar situaciones para sus compañeros.
El jugador también aporta en los duelos: disputa 6,6 por cada 90 minutos, la tasa más alta entre los futbolistas comparados. Gana cerca del 45% de esos enfrentamientos, el mismo porcentaje que Almada y por encima del 42% de Driussi.
Correa había explicado que durante sus diez años en el Atlético de Madrid vivía el fútbol como “un trabajo”, mientras que en su regreso al país lo encara desde el “modo disfrutar”. Sin embargo, sus registros mantienen una producción similar: en España participaba en 0,6 goles cada 90 minutos y en River lo hace en 0,5. A los 31 años, conserva el ritmo ofensivo, la gambeta y el oficio que desarrolló en Europa, ahora con un papel protagónico en el equipo.