La elección llega a una instancia decisiva tras una primera ronda con una diferencia inferior a dos puntos porcentuales y un electorado polarizado.
Brasil transita la antesala de la segunda vuelta presidencial entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, en un escenario de fuerte disputa electoral.
La primera vuelta terminó con una diferencia de menos de dos puntos porcentuales entre los candidatos. Con ese resultado, la competencia ingresó en una etapa decisiva en la que cada voto puede ser determinante.
En las calles de Río de Janeiro se registran movilizaciones masivas en lugares emblemáticos como las playas de Copacabana. El electorado se encuentra fuertemente polarizado.
La definición dependerá de la capacidad de ambas fuerzas para atraer a las personas que todavía no resolvieron a quién votar. En la primera vuelta, cerca de 30 millones de personas no acudieron a las urnas.
Ese caudal de abstención está compuesto, en su mayoría, por jóvenes, adultos mayores y personas de menores ingresos. La extrema polarización de la segunda vuelta suele movilizar a quienes previamente no concurrieron, tanto a favor como en rechazo de alguno de los candidatos.