Club Español: arquitectura, memoria y patrimonio en el corazón de Monserrat

El Club Español reúne, en Bernardo de Irigoyen 172, una parte singular de la historia asociativa de la colectividad española en Buenos Aires. El edificio, reconocido como Monumento Histórico Nacional y como Sitio de Interés Cultural por la Legislatura porteña, fue concebido para albergar la vida social, intelectual y cultural de una institución surgida en el siglo XIX.

La entidad tuvo sus antecedentes en la Sala Española de Comercio y el Casino Español. Según Mariana Vicat, responsable de Cultura del club, aquellas reuniones combinaban tertulias, lectura, música y asistencia a quienes lo necesitaban; de esa vocación de beneficencia nació también el germen del Hospital Español. Con el crecimiento de los participantes y la diversidad de intereses, se conformaron por separado el club social, la cámara comercial y el hospital.

El actual inmueble fue proyectado por el arquitecto holandés Enrique Folkers luego de la compra de dos terrenos en 1908. La forma angosta y extensa del lote orientó su diseño, asociado por el propio arquitecto con un barco. Esa idea aparece evocada en el arranque de la Escalera de Honor, donde una estructura remite a una proa y enlaza la arquitectura con la experiencia migratoria.

Una fachada coronada por el genio alado

Terminado en 1911 e inaugurado en 1912, el palacio articula lenguajes diversos con una marcada presencia del Art Nouveau. Su frente conserva ornamentaciones, frisos, luminarias y trabajos en bronce. Entre ellos sobresale la baranda de los balcones, realizada en bronce macizo y llegada desde España, con referencias al modernismo catalán y a la Secesión vienesa. Una de sus piezas fue sustraída en 2003 y luego reemplazada por una reproducción.

Sobre la cúpula cerámica de tono rojizo se recorta El genio alado, escultura de Torcuato Tasso y Nadal. La figura levanta laureles con una mano y durante años sostuvo un farol que se encendía en celebraciones de la colectividad y fechas patrias. En el interior, la Escalera de Honor conduce hacia obras de Agustín Querol, Mariano Benlliure y Miguel Blay y Fábrega, integradas al recorrido ceremonial del edificio.

La Alhambra bajo tierra y salones de encuentro

Uno de los espacios más llamativos se encuentra en el subsuelo. El Salón Alhambra ocupa un área de unos 220 m 2 y recrea sectores del monumento granadino. Fue diseñado por Francisco Villar junto con Léonie Matthis, y reúne paneles ornamentales y 18 pinturas al óleo fijadas a los muros mediante marouflage. Uno de sus frisos reproduce el Patio de los Leones.

La vida institucional se distribuye también entre el Salón Imperial, equipado para representaciones teatrales y zarzuelas; la Sala Mayor y la Sala Roja, destinadas históricamente a banquetes y galas; y el Salón Amistad, sede de conferencias y presentaciones de libros. En ese nivel se encuentran además una biblioteca de unos 15.000 ejemplares y una pinacoteca con obras que han sido restauradas.

El club recibió visitas de figuras de la cultura y la política, entre ellas Albert Einstein, Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Juan Carlos y Sofía, Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. La Infanta Isabel de Borbón donó los dos ascensores que continúan operativos. Más que una sede social, el edificio permanece como testimonio material de una comunidad que hizo de este palacio un ámbito de encuentro y memoria.

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