El vapor de agua favorece la proliferación de ácaros y hongos, aunque la llamada "alergia a la humedad" no existe como patología médica formal.
Los períodos de lluvias frecuentes y elevada humedad pueden agravar las complicaciones respiratorias en personas sensibles. No se trata de una alergia a la humedad propiamente dicha, sino de reacciones provocadas por agentes biológicos que necesitan vapor de agua para multiplicarse, entre ellos los ácaros del polvo y los hongos.
En ambientes húmedos, estos microorganismos encuentran condiciones favorables para desarrollarse. La exposición puede generar una respuesta desproporcionada del sistema inmunológico, con rinitis persistente o cuadros asmáticos. Además, durante los períodos prolongados de mal tiempo, las esporas de los hongos se propagan con mayor facilidad y tienden a acumularse en espacios cerrados o sin ventilación.
Una de las afecciones más frecuentes asociadas es la rinitis alérgica, cuyos síntomas incluyen estornudos, picazón nasal, congestión y secreción fluida. Según las estadísticas mencionadas en el material, 2 de cada 10 argentinos presentan esta sintomatología. La prevalencia de estos episodios varía de acuerdo con las características geográficas y meteorológicas de cada región, con mayor impacto en zonas de alta humedad.
El abordaje de la rinitis alérgica contempla la educación del paciente, la higiene ambiental y el tratamiento médico. Se recomienda evitar caminar descalzo, abrigarse ante cambios bruscos de temperatura y mantener despejadas las vías nasales. También se aconseja limpiar las superficies con paños húmedos, retirar objetos que acumulen ácaros, como los peluches, y evitar sahumerios y desodorantes de ambiente. La terapia farmacológica puede incluir antihistamínicos de segunda generación y corticoides tópicos nasales, además de antileucotrienos y soluciones salinas en determinados casos.
Para reducir la humedad en las viviendas, es necesario revisar y reparar filtraciones en techos y cañerías, y recurrir a especialistas si existen problemas estructurales. También se aconseja lavar con frecuencia sábanas, fundas, cortinas y acolchados; colocar recipientes con sal fina en las zonas afectadas; y tratar las manchas de moho con lijado suave y lavandina diluida en agua, manteniendo el ambiente ventilado. Luego de limpiar la superficie, pueden aplicarse pinturas antihumedad para prevenir la reaparición de hongos.