La acusada recibió cuatro años y medio de prisión domiciliaria por comercializar cocaína y marihuana en una vivienda de Córdoba. Un mensaje de WhatsApp fue clave para probar la intervención de la menor.
Una mujer de 43 años fue condenada a cuatro años y medio de prisión domiciliaria por vender estupefacientes en una vivienda de la provincia de Córdoba y utilizar a su hija, de 12 años, en distintas tareas vinculadas con la actividad.
Según se estableció en la investigación, la niña atendía a clientes y colaboraba con el fraccionamiento y el armado de dosis de cocaína y marihuana. Uno de los mensajes que envió por WhatsApp decía: “Ma, ¿a las bolsitas las dejo cortadas o las acomodo en la mesa?”.
La mujer fue detenida en febrero de 2024, durante un allanamiento realizado en el domicilio donde se desarrollaba la comercialización. La vivienda estaba ubicada a pocos metros de un jardín de infantes. En el operativo, el hermano de la acusada logró escapar y los efectivos encontraron una gran cantidad de dosis preparadas para la venta.
Ante el juez, la acusada reconoció el delito y pidió disculpas. Explicó que estaba sola a cargo de sus dos hijos, que había sufrido violencia de género por parte de su expareja —quien se encuentra privado de su libertad— y que atravesaba dificultades económicas para sostener a su familia.
La fiscalía había solicitado una pena de seis años de prisión al considerar que la comercialización se agravó por la participación de una menor de edad. La admisión de los hechos y el pedido de disculpas fueron considerados para reducir la condena, que finalmente quedó fijada en cuatro años y medio de prisión domiciliaria.