De marketing a la alfarería: el giro profesional de Luz Birba para crear Las Vueltas de Luz

Luz Birba dejó atrás una carrera consolidada en el marketing de consumo masivo para dedicarse a la alfarería y a la enseñanza. El cambio no fue inmediato ni respondió a un rechazo de su experiencia previa: fue el resultado de una búsqueda por ordenar sus tiempos, estar más cerca de su familia y recuperar una inquietud creativa que había quedado relegada.

Su recorrido profesional había comenzado con la elección de Administración de Empresas. Buscaba una formación amplia, en la que pudieran convivir su afinidad por los números y una veta creativa que también aparecía en sus resultados vocacionales. Sin embargo, en aquel momento prevalecieron la expectativa de una salida laboral formal y la necesidad de contar con un horizonte definido.

Tras recibirse, orientó su carrera al marketing. Pasó por el rubro de calzado e indumentaria deportiva y luego ingresó a una empresa de bebidas y aperitivos, donde desarrolló buena parte de su trayectoria corporativa durante 11 años. Allí empezó como asistente en desarrollo de nuevos productos y participó de tareas vinculadas con el diseño, los envases, los materiales promocionales y las campañas.

La exigencia de la presencialidad y los traslados cotidianos era el aspecto más difícil de ese período. Aunque se sentía valorada y disfrutaba de su trabajo, la maternidad modificó sus prioridades. Después del nacimiento de su primer hijo siguió en la empresa, pero con su segunda hija en camino tomó la decisión de alejarse para poder tener una presencia más activa en la crianza.

Un taller que fue ganando lugar

Durante un año sabático retomó intereses postergados y se anotó en clases de alfarería. Más adelante impulsó, junto a una amiga y un agente de viajes, un proyecto de eventos y escapadas corporativas. Esa actividad le permitió trabajar desde su casa y administrar sus horarios, mientras sostenía el vínculo con el torno como un espacio personal.

La arcilla, no obstante, fue ocupando un lugar cada vez más central. Birba había probado otras disciplinas manuales, como el tallado en madera, la vitrofusión y la cerámica, pero encontró en la alfarería una práctica sostenida. Instaló primero un torno y luego un horno en el fondo de su casa. Para ella, el contacto con ese material implicaba una pausa frente al ritmo cotidiano: “El barro obliga a frenar, a ir más despacio”, explicó.

Hacia mediados de 2017 comenzó a invitar a familiares y amigos para que conocieran el taller que estaba armando. La experiencia le sirvió para comprobar que también disfrutaba de enseñar. Durante seis meses sostuvo en paralelo la agencia de viajes y el espacio de alfarería, mientras sumaba grupos y turnos ante el crecimiento de la demanda.

Al finalizar ese año comunicó a sus socios que se retiraría del emprendimiento turístico y formalizó su proyecto: Las Vueltas de Luz. El taller llegó a ocupar el comedor y el living familiar antes de que pudiera construir un lugar propio junto a su casa. La inversión contó con el acompañamiento de su familia, que postergó arreglos domésticos para priorizar el espacio de trabajo.

La experiencia como parte del nuevo oficio

Hoy, Birba entiende que su recorrido anterior no quedó anulado por el cambio. La creatividad que disfrutaba en marketing encontró otra forma de expresión en el barro y en las clases. También reconoce que la alfarería le exige moderar su propia autoexigencia para que quienes asisten no solo aprendan una técnica, sino que encuentren un momento de desconexión. En esa combinación de oficio, enseñanza y búsqueda personal, encontró el rumbo que quería construir.

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