Cada 29 de octubre se busca concientizar sobre una afección que provoca unas 17.000 muertes anuales en la Argentina y constituye la principal causa de discapacidad adquirida en adultos.
El accidente cerebrovascular ocurre cuando el flujo de sangre hacia una zona del cerebro se interrumpe de manera repentina. En la Argentina, los ataques cerebrales afectan a una de cada 50 personas mayores de 40 años y representan el principal motivo de discapacidad adquirida en adultos.
Los síntomas suelen aparecer de forma súbita. Una manera de reconocerlos es aplicar el acrónimo FAST: observar si un lado de la cara cae al sonreír, pedir que la persona levante ambos brazos para detectar si uno pierde fuerza, comprobar si puede repetir una frase y llamar de inmediato a la emergencia médica. También pueden presentarse pérdida repentina de visión, dificultad para caminar, falta de equilibrio o coordinación y un dolor de cabeza intenso y desconocido.
La rapidez resulta determinante porque cada minuto sin asistencia médica implica la pérdida de millones de neuronas. Por eso, ante una señal de alarma, se debe activar la atención de emergencia sin demora.
El ACV isquémico representa entre el 80% y el 85% de los casos y se produce por la obstrucción de una arteria, generalmente a causa de un coágulo. Puede originarse por una trombosis, por un émbolo asociado con frecuencia a una arritmia como la fibrilación auricular o afectar vasos muy pequeños, en la denominada variante lacunar. El ACV hemorrágico abarca entre el 15% y el 20% de las situaciones: ocurre cuando se rompe un vaso sanguíneo y la sangre se vuelca sobre el tejido cerebral. Puede tratarse de una hemorragia intracerebral, vinculada por lo general con la hipertensión arterial no controlada, o de una hemorragia subaracnoidea, habitualmente asociada con la ruptura de un aneurisma.
Entre los factores de riesgo modificables se encuentran la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, las cardiopatías, el sedentarismo y la obesidad. La edad avanzada, el sexo y los antecedentes familiares también pueden aumentar la predisposición. Además, el ataque isquémico transitorio, conocido como “mini-ACV”, provoca síntomas que revierten en pocos minutos o antes de las 24 horas y requiere una evaluación urgente, aunque no deje lesiones permanentes visibles en las imágenes.
El 29 de octubre fue establecido en 2006 como el Día Mundial del ACV por la Organización Mundial del ACV (WSO), a partir de la unión de dos entidades globales dedicadas al estudio de la salud cerebral. La fecha procura difundir hábitos saludables y la importancia de detectar el cuadro de manera temprana. La evolución depende del tiempo hasta la atención, la extensión del daño y el comienzo de la rehabilitación; las secuelas pueden incluir pérdida de fuerza o parálisis, trastornos del lenguaje y la deglución, alteraciones de la memoria y la atención, cambios en el estado de ánimo y problemas en la percepción del tacto o la temperatura.