El maestro, actual 8.º Dan en Ketsugo y 6.º Dan por la Federación Argentina de Karate, destacó la disciplina, la humildad y la formación integral como pilares de la institución.
Eduardo Novak comenzó a dictar clases de karate en Córdoba el 23 de agosto de 1976. A cinco décadas de aquel inicio, la Escuela Ketsugo Karate Do conmemora 50 años de trayectoria en la formación técnica, deportiva y humana de miles de alumnos.
Desde el Satori Dojo, ubicado en el edificio del Sindicato de Luz y Fuerza, Novak repasó el recorrido de la institución en una entrevista con Hoy Día Córdoba. Señaló que la práctica y las actitudes correctas, entre ellas la humildad, son fundamentos centrales de la disciplina y de una escuela que priorizó el crecimiento personal y la calidad técnica y humana por encima de la cantidad.
El maestro sostuvo que la constancia y el respeto son valores que permanecen más allá del aprendizaje técnico. Según explicó, antiguos alumnos aplican la resiliencia, la disciplina, la templanza y el compañerismo en sus familias, profesiones y vínculos sociales. También afirmó que el karate cordobés conserva un nivel competitivo y un reconocimiento destacado, con referentes, jueces, árbitros y atletas de selección en torneos nacionales e internacionales.
Novak consideró complementarios al karate deportivo y al tradicional. Mientras la competencia permite medir el rendimiento, gestionar la presión y perfeccionar la técnica, el camino del Do pone el foco en el autocontrol y en la superación personal. Frente a las distracciones digitales, la escuela trabaja junto con las familias y adapta sus clases para desarrollar coordinación, fuerza, velocidad, toma de decisiones, defensa personal, cortesía y respeto.
Durante su trayectoria, Ketsugo también participó en eventos deportivos, exhibiciones y cursos de capacitación, impulsó programas televisivos y propuestas vinculadas con la Educación Física universitaria, brindó formación en defensa personal y trabajó en el desarrollo del Para-Karate. Para los próximos años, Novak planteó la necesidad de ampliar la participación y formar practicantes e instructores que aseguren la continuidad de la escuela sin perder su identidad.