La crisis de la calle, que el Gobierno ignora, puso al poder económico a hacer críticas directas por temor a que se esfume el sueño húmedo de un modelo pro empresa.
La macro ordena la micro, asegura el Presidente Javier Milei como un mantra ya de muy poco sentido práctico. El poder económico, que sostenía meses atrás la misma premisa, hoy está temeroso como pocas veces por los efectos del ajuste eterno que se hace para equilibrar lo financiero y el esquema de gastos del Estado: el consenso general es que la crisis de la calle, que en los últimos días se expresa de manera dramática en la mora de las familias, es insostenible no porque la población esté penando para llegar a fin de mes, sino porque la recesión y la inestabilidad emocional ponen en riesgo el sueño húmedo del establishment.
La referencia es para la continuidad política del plan económico centrado en que una parte del empresariado no pierda beneficios. Parece coincidencia, pero es certeza: la arqueología política permite ver que la reacción del establishment, incluso temporalmente, es igual a la que tuvieron a los dos años de transcurrido el gobierno de Mauricio Macri, cuando el plan económico mostraba signos de agotamiento y el ajuste que ellos mismos habían pedido, quebraba a la sociedad.
Hubo un hito público y varios privados que actuaron esta semana como el corolario de una situación que ya se venía incubando en el establishment. Esos pocos respaldos tienen que ver con que nadie ya considera que sea un activo positivo del presidente andar voceando un ajuste que recibe repudio social.
Y el tercero, que está ocurriendo, es que ese tobogán político puede quebrar el apoyo de los mercados, lo que sería letal para Milei y para el programa.