Los resultados electorales en Brasil, Estados Unidos e Israel y el pedido de juicio político contra Santiago Peña en Paraguay complican la red política que el Presidente buscó construir desde que asumió.
La red internacional de apoyos que Javier Milei construyó desde su llegada a la Presidencia atraviesa una etapa de mayor tensión. Las derrotas electorales de sectores afines en Brasil y Estados Unidos, las dificultades parlamentarias de Benjamín Netanyahu en Israel y la ofensiva opositora contra el presidente paraguayo, Santiago Peña, redujeron las perspectivas de expansión política del oficialismo argentino.
El caso más sensible para la estrategia regional de Milei es Brasil. El Presidente había respaldado públicamente a Flávio Bolsonaro frente a Lula da Silva, con la expectativa de recuperar un aliado ideológico en la principal economía de América Latina. Sin embargo, Lula consiguió un nuevo mandato y la derrota dejó a la familia Bolsonaro ante un escenario político y judicial complejo. Flávio abandonó Brasil rumbo a Estados Unidos junto con integrantes de su entorno, en medio de las repercusiones de investigaciones judiciales que lo involucran.
Durante la campaña brasileña, Lula utilizó reiteradamente a Milei para cuestionar a su adversario y advirtió sobre las consecuencias económicas y sociales de las propuestas de la derecha. Flávio no logró transformar su cercanía con el Presidente argentino en una ventaja electoral ni convirtió esa relación en el eje de su candidatura. El resultado representa un revés para la política regional de Milei, aunque no elimina la influencia política de la familia Bolsonaro ni su capacidad de intervención en el Congreso.
En Estados Unidos, las elecciones de mitad de mandato dejaron a Donald Trump frente a una derrota contundente. El avance demócrata provocó la pérdida del control republicano de ambas cámaras del Congreso y otorgó a la nueva mayoría opositora capacidad para bloquear iniciativas del Ejecutivo. El resultado estuvo atravesado por cuestionamientos al costo de vida, la política migratoria, los aranceles y las consecuencias económicas de la guerra con Irán; además, mujeres, dirigentes sindicales y candidatos de distintas minorías obtuvieron victorias relevantes.
Israel y Paraguay sumaron dificultades para otros dirigentes cercanos al esquema político de Milei. El Likud de Netanyahu fue la fuerza más votada, pero el bloque que respalda al primer ministro quedó por debajo de los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría, lo que volvió decisivas las negociaciones con la oposición y las fuerzas árabes. En Paraguay, la oposición presentó un pedido de juicio político contra Santiago Peña por cuestionamientos vinculados con presuntos conflictos de intereses y la crisis financiera de Ueno. La iniciativa necesita una mayoría de dos tercios en Diputados y no implica una destitución inminente.
España aparece como una de las pocas oportunidades favorables para ese espacio: el Partido Popular y Vox mantienen expectativas de disputar el poder en las próximas elecciones generales. La sucesión de derrotas y conflictos, sin embargo, pone en discusión la idea de una derecha internacional en expansión permanente y exhibe los límites internos que enfrentan varios de los liderazgos con los que Milei buscó articular una red internacional.