La investigadora del CONICET Matilde Rusticucci señaló que el fenómeno alcanzaría su máxima intensidad entre diciembre y enero y que sus efectos podrían prolongarse hasta marzo o abril.
Quilmes, en el sur del conurbano, y Tigre, en el norte del Gran Buenos Aires, aparecen como las áreas más expuestas ante el avance de «El Niño», de acuerdo con el análisis de la especialista en clima e investigadora del CONICET Matilde Rusticucci.
En diálogo exclusivo con Crónica, Rusticucci vinculó esa vulnerabilidad con la ubicación geográfica de ambas localidades, que cuentan con extensas costas sobre el Río de la Plata o sus afluentes. Explicó que, durante una sudestada, los vientos empujan el agua hacia la costa y dificultan el drenaje de ríos y arroyos, una situación que puede generar crecidas.
La posibilidad de lluvias abundantes asociada a «El Niño» podría agravar ese escenario. La especialista aclaró, sin embargo, que la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores no registran actualmente un exceso de precipitaciones. Según explicó, las lloviznas persistentes, las nubes bajas y los cielos cubiertos pueden dar la sensación de que llueve mucho, aunque el total acumulado no sea elevado. En cambio, el centro-oeste de la provincia de Buenos Aires sí presenta un exceso de lluvias.
Consultada sobre la posibilidad de inundaciones similares a las de 2015, Rusticucci sostuvo que el escenario podría repetirse porque aquel episodio también estuvo relacionado con «el último Niño fuerte». Entre el 6 y el 12 de agosto de ese año, un frente de tormenta estacionado dejó entre 300 y 400 milímetros en el norte, centro y este bonaerense, con crecidas y anegamientos en localidades como San Antonio de Areco, Salto, Mercedes, Arrecifes, Pergamino y Chacabuco. También fueron afectadas zonas de General Paz, Pila, Dolores, Castelli y Chascomús por la crecida del río Salado. La especialista remarcó que un nuevo episodio de «El Niño» no implica necesariamente que se repitan aquellas condiciones ni un temporal de igual magnitud.
Rusticucci indicó que el fenómeno tendría su máximo en diciembre-enero y que luego comenzaría a perder intensidad. No obstante, estimó que sus efectos podrían continuar «hasta por lo menos marzo, abril». «El Niño» es una fase cálida del ciclo ENOS, que también contempla períodos neutros y fríos; muchos episodios duran entre nueve y doce meses, aunque algunos pueden extenderse durante 18 meses o incluso dos años.