El sufrimiento no siempre tiene una explicación

Una relectura del libro de Job cuestiona la idea de que toda desgracia tenga un sentido o resulte conveniente para quien la padece.

La frase “si sucede, conviene” es puesta en duda a partir de una relectura del libro de Job, presentado como una historia que no confirma la idea de que todo sufrimiento tenga una explicación moral.

Job aparece como un hombre justo, apartado del mal y cuidadoso incluso de posibles pecados desconocidos de su familia. Posee siete hijos, tres hijas, siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas.

Sin embargo, pierde sus animales, sus bienes, a sus hijos y finalmente su salud. Sus amigos interpretan esas desgracias como la consecuencia de una falta, pero Job rechaza esa explicación y sostiene que el dolor no demuestra culpabilidad.

Cuando Dios se presenta, tampoco ofrece una respuesta tranquilizadora ni afirma que lo ocurrido haya sido necesario. Al mencionar al Leviatán, una criatura monstruosa e indomable, señala la dimensión de un mundo que excede la comprensión humana.

La reflexión recuerda que una desgracia puede derivar eventualmente en algo bueno sin que por eso haya sido buena. Además, al final del relato Job recupera sus bienes y tiene nuevos hijos, pero los hijos muertos no regresan. Frente a los padecimientos provocados por decisiones, abusos, negligencias o relaciones de poder, la pregunta central pasa por identificar a los responsables y establecer hasta cuándo deben ser soportados.

El episodio fue retomado después de que una lectura de las conferencias de Borges reunidas en Conferencias reunidas [1960-1985], de Editorial Sudamericana, llevara la atención hacia la belleza de la prosa del libro de Job.

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