El telescopio Swift de la NASA terminará su misión y podría reingresar sobre la Argentina

El observatorio, lanzado el 20 de noviembre de 2004, descenderá a la atmósfera durante las próximas semanas, aunque todavía no existe una fecha ni un punto de impacto confirmados.

El telescopio espacial Swift de la NASA llegó al cierre de su etapa científica después de casi 22 años dedicado a observar el universo. El satélite se encuentra en una órbita cada vez más baja y se espera que reingrese en la atmósfera terrestre durante las próximas semanas.

La Argentina forma parte de la amplia franja geográfica sobre la que podría pasar el observatorio durante ese proceso. Sin embargo, todavía no hay una zona de impacto definida ni certeza de que algún fragmento llegue a caer en el país.

La misión, cuyo nombre completo es Neil Gehrels Swift, fue puesta en órbita para estudiar los estallidos de rayos gamma, explosiones extremadamente energéticas que pueden durar desde fracciones de segundo hasta varios minutos. Para detectarlos y analizarlos con rapidez, combinaba instrumentos capaces de observar rayos X y luz óptica y ultravioleta, además de enviar la ubicación de los fenómenos a otros observatorios.

Durante su actividad, Swift registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma, examinó más de 1.400 explosiones de supernovas y observó, entre otros objetos, estrellas destruidas por agujeros negros, galaxias activas, asteroides y cometas. Sus datos contribuyeron a cerca de 7.000 publicaciones científicas. Aunque había sido diseñado para funcionar durante dos años, continuó operativo por más de una década adicional.

El descenso orbital se aceleró por el aumento de la resistencia atmosférica en las capas altas, asociado con la actividad solar reciente. El 20 de octubre de 2026, Swift llegó a unos 275 kilómetros de altura y ya no pudo compensar el arrastre atmosférico para mantener la orientación de sus instrumentos. La NASA dio por terminadas las operaciones científicas y continúa siguiendo su trayectoria.

La inclinación orbital ubica la zona potencial de reingreso entre el centro de México, distintos sectores de Sudamérica y áreas oceánicas. Aunque parte de la estructura se desintegrará por las altas temperaturas, algunas piezas podrían sobrevivir y alcanzar la superficie. La NASA considera baja la posibilidad de que esos restos causen daños materiales o lesiones.

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