El martes 3 de noviembre se renovarán la Cámara de Representantes, parte del Senado, gobernaciones y legislaturas estatales. El resultado definirá el margen de acción de la Casa Blanca durante los últimos dos años del mandato presidencial.
Las elecciones de medio término de Estados Unidos no definirán la continuidad de Donald Trump en la Casa Blanca, pero sí el control del Congreso. El Partido Republicano controla actualmente las dos cámaras y el Partido Demócrata busca recuperar posiciones para influir sobre las leyes, el presupuesto y la supervisión del Poder Ejecutivo.
La votación nacional incluirá a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 bancas del Senado. También se elegirán gobernadores en 36 estados y representantes de legislaturas locales. De acuerdo con los datos recopilados por la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales, 46 estados renovarán parte de sus cuerpos legislativos y 39 someterán medidas de alcance estatal a consideración de los votantes.
La jornada se realiza un martes por una regla fijada por el Congreso en 1845: las elecciones federales deben celebrarse el martes posterior al primer lunes de noviembre. La fecha buscó coordinar los calendarios estatales y contempló las condiciones de una sociedad rural, con la cosecha terminada y el invierno todavía por comenzar. El día elegido también permitía viajar después del domingo, considerado jornada de descanso religioso por buena parte de la población, y evitaba coincidir con el primer día del mes, cuando muchos comerciantes realizaban sus balances.
Los republicanos llegan con una mayoría ajustada: tienen 218 bancas contra 214 demócratas en la Cámara de Representantes y 53 escaños frente a 47 en el Senado. Una recuperación demócrata de una o ambas cámaras podría bloquear proyectos del oficialismo, demorar nombramientos y habilitar investigaciones parlamentarias sobre la administración. Si el Partido Republicano conserva el control, Trump contará con mayor margen para impulsar su agenda, en un escenario atravesado por la economía, el costo de vida, la inflación, la inmigración y los aranceles.
La Casa Blanca también prepara alternativas para gobernar ante una eventual resistencia legislativa. Según informó Reuters, el vicejefe de Gabinete Stephen Miller y el director de presupuesto Russell Vought trabajan desde abril en medidas vinculadas con inmigración, aranceles, vivienda y gasto público que podrían aplicarse mediante facultades ejecutivas. Trump, además, anticipó que utilizaría el veto si los demócratas controlan el Congreso y afirmó en una entrevista con el podcast Pod Force One, del New York Post: “Supongo que me convertiré en el señor del veto”.
El resultado también será seguido por el Gobierno argentino debido a la relación política y económica estrecha entre Javier Milei y Trump. Una pérdida de poder republicano podría aumentar el control legislativo sobre iniciativas vinculadas con la Argentina, incluido el respaldo financiero anunciado por el Tesoro estadounidense en octubre de 2025, que contempló un swap por u$s20.000 millones. Además, el acuerdo de comercio e inversiones recíprocos anunciado por ambos gobiernos en febrero de 2026 deberá atravesar el tratamiento institucional correspondiente. Un Congreso opositor podría elevar los controles y las discusiones sobre esas políticas, aunque el resultado no modificaría por sí mismo los compromisos bilaterales.