Elecciones legislativas en EEUU: los demócratas toman ambas cámaras y golpean a Donald Trump

El partido opositor amplió su presencia en el Senado y la Cámara de Representantes, ganó bancas en bastiones republicanos y sumó al menos cinco gobernaciones tras la votación del 3 de noviembre.

Los demócratas obtuvieron el control de las dos cámaras del Congreso estadounidense en las elecciones del 3 de noviembre. Con algunas contiendas todavía sin definir, alcanzaron 54 bancas en el Senado, incluidos dos independientes, y alrededor de 260 en la Cámara de Representantes, frente a las 47 y 214 que tenían anteriormente. Además, se encaminan a imponerse en el voto popular para la Cámara por 13 puntos y conquistaron al menos cinco gobernaciones más.

El resultado incluyó avances en territorios considerados seguros para el Partido Republicano. Kansas tendrá su primer senador demócrata desde el New Deal, mientras que en Texas el partido consiguió su primera banca en el Senado en casi 40 años y desplazó a un gobernador que llevaba tres mandatos. La magnitud del vuelco fue comparada con las consecuencias electorales del Watergate, hace más de 50 años.

El voto también expresó el rechazo a aspectos de la gestión de Trump. El material señala que el presidente había sido elegido con la promesa de reducir los precios y mantenerse al margen de las guerras, pero luego impulsó una cruzada arancelaria y atacó a Irán, con un aumento de los precios. También menciona el malestar por su autoglorificación permanente y por el enriquecimiento de familiares y allegados. Según Gallup, nueve de cada diez adultos consideran que la corrupción está muy extendida en su gobierno, una proporción similar a la de Nigeria.

La derrota alcanzó además a distintas estrategias republicanas de campaña. La manipulación de distritos electorales no produjo ganancias para el partido; Elon Musk destinó más de u$s150 millones a una contienda en Texas y su candidato perdió por amplio margen; y candidatos republicanos que apelaron al temor hacia musulmanes y personas transgénero fueron derrotados. En Ohio, un candidato respaldó un aviso en el que una mujer condenaba a su oponente, el padre de su hija, por haber abusado de ella.

El resultado plantea tareas para las dos fuerzas políticas. Los republicanos recibieron una segunda oportunidad para revisar el rumbo adoptado desde que Trump tomó el control del partido, aunque sus dirigentes deben decidir entre mantener el respaldo al presidente o intentar reconstruir la fuerza aun a riesgo de enfrentar su represalia. Los demócratas, por su parte, deberán combinar su promesa de reducir los costos con el combate contra la corrupción y la incompetencia. El 80% de los estadounidenses reclamaba poco antes de los comicios un “cambio sustancial” o una “transformación total y absoluta” en la forma de gobernar el país.

Trump conservará una amplia autoridad en política exterior y dos años de mandato. Entre los escenarios planteados figuran nuevos ataques contra Irán, presiones sobre Ucrania para aceptar un acuerdo con Rusia o una invasión de Cuba; en el ámbito interno, también podría indultar a aliados, perseguir a adversarios, impulsar emprendimientos mineros respaldados por el Estado o profundizar las deportaciones. El Congreso podría, en cambio, investigar casos de corrupción, promover la destitución de funcionarios como Pete Hegseth, secretario de Guerra, y acordar normas sobre inteligencia artificial. La posibilidad de una cooperación entre republicanos y demócratas aparece como una alternativa, aunque el material la considera poco probable.

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