Presentado en 1939, el autómata de Westinghouse podía caminar, hablar y responder órdenes de voz, décadas antes de la inteligencia artificial.
Elektro fue desarrollado por Westinghouse Electric Corporation bajo la dirección del ingeniero Joseph Barnett y presentado en la Feria Mundial de Nueva York de 1939. El robot formó parte de la exposición “El mundo del mañana”, donde llamó la atención por sus capacidades y por su apariencia humanoide.
Con 2,1 metros de altura y 120 kilos de peso, estaba construido con aluminio, acero y un sistema de engranajes. Podía caminar, hablar, obedecer órdenes de voz y fumar cigarrillos. Para interpretar los comandos utilizaba células fotoeléctricas y tubos de vacío, una tecnología avanzada para ese período.
La búsqueda de máquinas capaces de moverse sin intervención humana había comenzado mucho antes. En el siglo IV a.C., el matemático e ingeniero griego Arquitas de Tarento creó “La Paloma”, un pájaro mecánico que, según las descripciones antiguas, podía volar mediante un mecanismo impulsado por vapor. En China, durante el siglo III a.C., Mozi desarrolló un carro de madera automatizado que se desplazaba sin ser empujado por personas o animales.
Durante la Edad de Oro Islámica, Al-Jazari combinó mecanismos y figuras móviles en inventos como el “Reloj Elefante”. Más tarde, entre los siglos XV y XVI, Leonardo da Vinci diseñó un caballero mecánico con capacidad para mover brazos y piernas, a partir de sus investigaciones sobre la anatomía y el movimiento del cuerpo humano.
El desarrollo iniciado por aquellos autómatas continuó con máquinas como ASIMO, presentado por Honda en 2000, que podía caminar, correr, subir escaleras e interactuar de manera autónoma con su entorno. También avanzó con Atlas, de Boston Dynamics, equipado con sensores, inteligencia artificial y sistemas mecánicos para realizar movimientos complejos. En ese recorrido de más de dos mil años, Elektro ocupó un lugar central al acercar la idea del robot humanoide al público.