La australiana sobrevivió a un accidente ocurrido en Suiza en 2013, sufrió lesiones graves y años después convirtió su experiencia en un mensaje de superación.
En junio de 2013, Emma Carey viajó a los Alpes suizos junto con su amiga Jemma Mrdak para realizar un salto en paracaídas desde un helicóptero, a 4.200 metros de altura. La propuesta había surgido de Emma, mientras que Jemma la aceptó pese a sus dudas iniciales.
Durante el salto, el sistema de apertura falló: el mecanismo principal y el de emergencia se enredaron en el aire. Carey quedó en caída libre hacia un campo, sin una contención que frenara el descenso.
En su libro autobiográfico The Girl Who Fell From the Sky, contó que antes del impacto tuvo dos pensamientos centrales. Por un lado, sintió un rechazo absoluto a morir y un fuerte deseo de seguir con vida. Por otro, pensó en el sufrimiento que tendría Jemma al encontrar su cuerpo.
Tras el accidente, fue trasladada de urgencia a un centro médico especializado de Berna. Los médicos diagnosticaron fracturas graves en el esternón, la pelvis, el sacro y las vértebras, además de una lesión severa en la médula espinal, y le anticiparon que no volvería a caminar.
Carey inició un extenso proceso de fisioterapia y recuperó parte de su movilidad, aunque no volvió a tener sensibilidad en la zona inferior del cuerpo. En una charla TED de 2023, a diez años del accidente, explicó que dejó de asociar su valor y su felicidad con el rendimiento físico o la capacidad de caminar. También regresó al lugar de la caída junto con Jemma y sostuvo que el mayor obstáculo de su vida ya había quedado atrás.