Para la noche del 31 de octubre, distintas opciones permiten resolver un look en pocos minutos con ropa cotidiana, maquillaje y elementos básicos.
La celebración de Halloween vuelve a convocar a personas de todas las edades con disfraces, historias de miedo y golosinas. La falta de tiempo o de presupuesto no impide preparar una vestimenta temática: algunas propuestas pueden resolverse con prendas del placard y maquillaje.
Entre las alternativas está el esqueleto express, que se arma con una remera de mangas largas y un pantalón o calza negros. Tiras de cinta de papel blanca pueden representar las costillas y los huesos, mientras que el rostro se completa con sombras oscuras alrededor de los ojos, la nariz pintada de negro y líneas verticales sobre la boca para imitar una dentadura.
También se puede elegir un personaje de araña y telaraña a partir de ropa negra, gris o violeta. El diseño se realiza con delineador líquido: se trazan líneas desde el contorno de un ojo hacia la sien y se unen con pequeñas curvas. En la otra mejilla se puede sumar una araña dibujada con su cuerpo y sus patas.
Para representar a un muñeco de ventrílocuo sirven una camisa estructurada, un saco o una prenda a rayas. El maquillaje incluye círculos de rubor rosa en las mejillas y dos líneas verticales desde las comisuras de los labios hasta el mentón, con el objetivo de simular una mandíbula articulada.
Otras opciones son un zombi, un gato negro o cualquiera de las propuestas anteriores. El zombi puede hacerse con una remera y un jean viejos, deshilachados en mangas o rodillas, además de talco o fécula para palidecer la cara, sombras violetas o negras en las ojeras y una gota de kétchup o colorante rojo. Para el gato negro se necesita ropa oscura, una nariz con forma de corazón, una línea hasta el labio superior, bigotes y pequeños puntos dibujados entre la boca y la nariz.
Halloween tiene raíces en el Samhain celta, una festividad vinculada con el cierre de la cosecha y el comienzo de la temporada fría en el hemisferio norte. Las máscaras y las fogatas formaban parte de aquellas prácticas, que con el tiempo se fusionaron con celebraciones religiosas y llegaron a América del Norte mediante migrantes irlandeses y escoceses. La costumbre de pedir golosinas también se relaciona con antiguas tradiciones europeas y adquirió un carácter lúdico en Estados Unidos a comienzos del siglo XX.