La celebración será el sábado 31 de octubre de 2026 y combina tradiciones celtas, costumbres europeas y representaciones populares vinculadas con el terror.
Halloween se celebra cada 31 de octubre, en la víspera del Día de Todos los Santos, que tiene lugar el 1 de noviembre en la tradición cristiana occidental. Sus antecedentes se relacionan con Samhain, una festividad celta que marcaba el final de la cosecha y el inicio de la estación más oscura del año en el hemisferio norte. Según las creencias de la época, esa noche la frontera entre vivos y muertos podía volverse más tenue. El nombre Halloween deriva de All Hallows’ Eve, expresión inglesa que significa víspera de Todos los Santos.
Entre los símbolos más reconocibles están la calabaza iluminada, las velas y los fantasmas. La tradición de la Jack-o’-lantern se vincula con una leyenda irlandesa sobre Jack, condenado a vagar con una brasa encendida; en Europa se tallaban nabos y otras raíces, hasta que la calabaza se impuso en Estados Unidos por su tamaño y facilidad para ser trabajada. Las velas evocan luz, memoria y protección, mientras que los fantasmas representan, según las leyendas, a personas fallecidas que regresan al mundo de los vivos.
Las brujas, los gatos negros y los búhos remiten a antiguas supersticiones. La figura de la bruja, con sombrero puntiagudo, escoba y caldero, se consolidó mediante relatos, ilustraciones, literatura y películas. Los gatos negros fueron asociados con la mala suerte y con las hechiceras, aunque el color de su pelaje no tiene relación con la suerte ni con poderes sobrenaturales. Los búhos, por su actividad nocturna y su canto, fueron considerados aves de mal augurio en algunas tradiciones, pese a que cumplen funciones importantes en el control de pequeños animales.
Las calaveras, los esqueletos, las arañas y las telarañas aportan una dimensión macabra a la celebración. Las primeras representan la muerte y la fragilidad de la vida, y durante siglos aparecieron en obras artísticas y religiosas como recordatorio de que la existencia es limitada. Las redes y las arañas recrean casas abandonadas, espacios oscuros y escenarios descuidados; su presencia en Halloween proviene de la imagen construida por la cultura popular alrededor de estos animales.
Los murciélagos quedaron ligados a la festividad por sus hábitos nocturnos y por las leyendas sobre criaturas sobrenaturales. La literatura gótica y las películas de terror reforzaron su vínculo con los vampiros, aunque estos animales también cumplen funciones importantes en los ecosistemas, como el control de insectos y, en algunas especies, la polinización. Los espantapájaros, por su parte, se relacionan con los campos y las cosechas: fueron utilizados para ahuyentar aves de los cultivos y luego pasaron a formar parte de las decoraciones otoñales y de las historias de terror.
Las máscaras y los disfraces tienen antecedentes en celebraciones antiguas con rituales y representaciones de personajes. Una interpretación tradicional sostiene que permitían confundir o ahuyentar a los espíritus; actualmente se usan para divertirse y pueden representar monstruos, brujas, fantasmas, superhéroes o personajes de películas y series. Las manzanas completan la lista a través de juegos populares europeos, como el apple bobbing, que consiste en atrapar con la boca una manzana que flota en agua. En algunas tradiciones, esa actividad también se vinculó con la adivinación amorosa y las predicciones sobre el matrimonio.