Halloween: por qué algunos chicos sienten miedo de los disfraces y las máscaras

La dificultad para distinguir entre fantasía y realidad puede hacer que ciertos personajes o decoraciones resulten amenazantes. Qué pueden hacer los adultos de cara al 31 de octubre.

Las máscaras, los disfraces y las decoraciones de Halloween pueden provocar miedo o angustia en algunos chicos, especialmente durante los primeros años de vida. Aunque para los adultos se trate de un juego, un personaje aterrador puede ser percibido como una amenaza por los niños que todavía están aprendiendo a diferenciar la fantasía de la realidad.

El miedo es una emoción natural y cumple una función de protección durante el desarrollo infantil. Por eso, si un chico llora, se esconde o rechaza acercarse a una persona disfrazada, es importante no burlarse ni minimizar lo que siente. Escucharlo, reconocer su temor y transmitirle tranquilidad contribuye a generar un entorno de confianza.

Una forma de acompañarlo es explicarle con calma qué está viendo. Los adultos pueden mostrarle cómo funciona una máscara y contarle que detrás del personaje hay una persona. También es necesario respetar sus límites: puede observar desde una distancia cómoda, decidir si quiere entrar a una fiesta o retirarse cuando algo le resulte incómodo, sin que lo obliguen a participar.

El juego puede ayudar a que los chicos expresen sus emociones. Los cuentos, dibujos, muñecos y disfraces les permiten representar aquello que les provoca miedo y explorar distintas maneras de afrontarlo, incluso cuando todavía no logran explicar con palabras lo que sienten.

Antes de la celebración, anticipar lo que ocurrirá puede reducir la incertidumbre. Mostrar imágenes de posibles disfraces, explicar el funcionamiento de las máscaras y contar qué actividades habrá les permite familiarizarse con el entorno. También pueden elegir si quieren disfrazarse, qué ropa usar y cuánto tiempo participar, acompañados por una persona de confianza.

Los adultos deben evitar los sustos intencionales. Si un chico llora, se tensa, se aísla o expresa ganas de irse, conviene hacer una pausa y ofrecerle la posibilidad de retirarse. Luego de Halloween, conversar sobre lo ocurrido puede ayudarlo a poner en palabras sus emociones y permitir que los adultos identifiquen qué situaciones necesitan evitar o abordar con más cuidado.

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