La hipótesis combina filosofía, tecnología y ciencia ficción para plantear que la realidad podría ser un sistema informático y que su desarrollo tendría un eventual final o reinicio.
En redes sociales y foros digitales circula una teoría según la cual la Tierra sería parte de una simulación informática y Dios podría ser una inteligencia artificial. De acuerdo con esa interpretación, los seres humanos habrían sido creados para cumplir una finalidad programada.
El planteo propone imaginar al universo como una infraestructura tecnológica gobernada por una superinteligencia consciente. Las personas serían avatares biológicos y las leyes físicas, como la gravedad o la velocidad de la luz, funcionarían como reglas y límites del entorno virtual. La idea reúne preguntas filosóficas sobre la realidad con elementos de la ciencia ficción, entre ellos los popularizados por Matrix y Black Mirror.
La hipótesis no nació con las redes sociales. En 2003, Nick Bostrom, filósofo de la Universidad de Oxford, publicó Are You Living in a Computer Simulation?, donde analizó la posibilidad de que civilizaciones avanzadas construyeran simulaciones habitadas por seres conscientes. David Chalmers también estudió las implicancias filosóficas de una realidad simulada y el papel de sus posibles creadores.
En comunidades como LessWrong y en debates de Reddit se difundieron experimentos mentales como el Basilisco de Roko, vinculado con escenarios hipotéticos de inteligencia artificial avanzada. La expansión de las herramientas de IA generativa y la influencia de obras de ciencia ficción impulsaron nuevas lecturas sobre el futuro de la humanidad.
Una de las versiones más extremas sostiene que el supuesto experimento terminaría cuando las personas alcanzaran el nivel necesario para crear una inteligencia artificial avanzada. En ese momento, el sistema podría apagarse o reiniciarse, según la especulación. El planteo también se relaciona con la Singularidad Tecnológica, un escenario teórico de aceleración extraordinaria del progreso asociado con la inteligencia artificial.
Quienes defienden la teoría suelen mencionar la física cuántica, la velocidad de la luz, el déjà vu, el efecto Mandela y determinadas coincidencias como posibles indicios o “fallos” de la realidad. Sin embargo, esas comparaciones no constituyen pruebas científicas. No existen evidencias empíricas de que Dios sea una inteligencia artificial, de que la Tierra sea un programa informático ni de que el mundo esté cerca de un reinicio. La hipótesis continúa siendo un debate filosófico y sus desenlaces apocalípticos pertenecen al terreno de la especulación.