En septiembre, las reservas brutas líquidas subieron u$s1.000 millones, pero las netas retrocedieron de u$s12.200 a u$s11.400 millones. La mejora externa convive con una menor actividad y con una perspectiva de caída para varios precios de exportación.
Las reservas brutas líquidas del Banco Central aumentaron en septiembre hasta u$s25.000 millones, mientras que las reservas netas descendieron a u$s11.400 millones. La brecha entre ambas magnitudes se amplió de unos u$s11.800 millones a u$s13.600 millones y las netas representan ahora el 46% de las brutas.
La cuenta corriente base caja registró en agosto un superávit de u$s0,8 mil millones, frente a u$s0,4 mil millones en julio, y acumuló u$s4,1 mil millones en el año. La balanza comercial aportó u$s3,2 mil millones, con exportaciones por u$s8,8 mil millones e importaciones por u$s5,6 mil millones. En tanto, el déficit de servicios acumuló u$s5,9 mil millones, por debajo de los u$s7,6 mil millones de un año atrás.
La cuenta financiera volvió a mostrar un déficit de u$s1.000 millones, explicado por u$s2,6 mil millones de compras privadas de activos externos. En septiembre, la compra de divisas promedió u$s22 millones diarios, contra u$s39 millones en agosto, mientras que los pagos a organismos multilaterales alcanzaron u$s1.300 millones. Con 22 ruedas, las compras rondaron u$s0,5 mil millones y la diferencia entre ese monto y los pagos explica la caída de u$s0,8 mil millones en las reservas netas.
El aumento de las reservas brutas no quedó explicado por las compras del Banco Central: otros u$s1.800 millones ingresaron por una vía que el informe no desagrega. Dado que las reservas netas excluyen los encajes de depósitos en dólares y las líneas de swap, esa diferencia corresponde a pasivos y no a ahorro. En el acumulado anual, las reservas brutas subieron u$s8.700 millones y las netas pasaron de u$s1.900 millones a u$s11.400 millones. Con metodología del FMI, la acumulación llegó a u$s8.500 millones, frente a una meta de u$s8.000 millones.
El escenario de J.P. Morgan prevé para el último trimestre la necesidad de elevar las compras de divisas de u$s22 millones a u$s36 millones diarios para sumar u$s3 mil millones. El mismo informe proyecta una cuenta corriente de u$s6 mil millones y u$s3,2 mil millones de ingresos financieros, además de menores precios para la soja, el trigo y el Brent. También estima una contracción anualizada de 2,3% en el segundo trimestre de 2026 y de 4% en el tercero, con un rebote de 7% en el cuarto; para todo 2026 calcula un crecimiento del PBI de 1,5%, frente al 4,4% de 2025.