León XIV: cómo Perú marcó su camino hasta el papado

Robert Prevost vivió casi 20 años en el país, donde fue misionero, sacerdote y obispo de Chiclayo, y obtuvo la nacionalidad peruana en 2015.

Antes de llegar al Vaticano, Robert Prevost desarrolló durante casi dos décadas una parte central de su identidad religiosa y de su compromiso social en Perú. Allí acompañó a comunidades vulnerables, atravesó años de violencia política y asumió posiciones sobre los abusos de poder, la protesta y el cuidado del medioambiente.

Prevost llegó al país en 1985, con alrededor de 30 años, enviado por la orden agustina. En Piura colaboró con el proceso que transformó la prelatura de Chulucanas en diócesis y comenzó a ser llamado “padre Roberto”. Dos meses después de su instalación contrajo fiebre tifoidea y fue hospitalizado por primera vez. En 1986 regresó a Estados Unidos para asumir tareas vinculadas con las vocaciones y las misiones agustinas.

En 1988 volvió a Perú y se radicó en Trujillo, donde permaneció hasta 1999. Durante esos años formó religiosos, enseñó en un seminario, fue párroco y trabajó en el tribunal eclesiástico de la diócesis. Su estadía coincidió con los ataques de Sendero Luminoso. Luego del asesinato de tres sacerdotes extranjeros en Áncash, en agosto de 1991, rechazó la posibilidad de recibir protección personal y decidió permanecer junto a las comunidades a las que servía.

Tras 15 años fuera del país, regresó en noviembre de 2014 por decisión del papa Francisco, que lo nombró administrador apostólico de Chiclayo y lo elevó al rango de obispo. Asumió formalmente la diócesis en 2015 y ese mismo año obtuvo la nacionalidad peruana. También participó en la misa de beatificación de los tres sacerdotes asesinados en 1991 e impulsó una Comisión de Ecología Integral vinculada con la encíclica Laudato Si.

Su actividad en Perú incluyó además intervenciones sobre la situación política y social. En 2017 pidió a Alberto Fujimori que solicitara “perdón personalmente” a las víctimas de violaciones a los derechos humanos. En 2023 defendió el derecho a la protesta, en un contexto de manifestaciones que habían dejado alrededor de medio centenar de civiles muertos, y visitó una zona afectada por inundaciones provocadas por lluvias extremas. En abril de ese año dejó el país para conducir en Roma el Dicasterio para los Obispos. “Amo mucho al Perú, al pueblo peruano, por lo que eso es parte de lo que soy”, expresó durante una entrevista con la periodista Elise Ann Allen.

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