Jorge García Cuerva, Dante Braida, Ángel Rossi y Marcelo Colombo advirtieron sobre la fragilidad social, el endeudamiento y la necesidad de diálogo frente a la crisis argentina.
En las últimas semanas, distintos referentes de la Iglesia argentina expresaron su preocupación por la situación que atraviesan amplios sectores de la población. Entre ellos estuvieron el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva; el obispo de La Rioja y titular de la Pastoral Social, Dante Braida; el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, y el presidente del Episcopado, monseñor Marcelo Colombo.
Durante la celebración de San Cayetano, García Cuerva sostuvo que “la libertad económica no puede ser absoluta” y pidió por los pobres y los endeudados. Luego de la peregrinación a Luján, a la que asistieron cientos de miles de jóvenes, describió un país en crisis, donde “la descalificación y la intolerancia están a la orden del día”.
Rossi afirmó que el Papa encontraría “una Argentina cascoteada”, con “un lenguaje triunfalista” frente a “una realidad muy frágil”. Colombo alertó por el endeudamiento de las familias y señaló: “No se puede tener una mirada superficial y decir que no interesa”. También recordó que las personas son responsabilidad de un Estado “que cuida la vida”. Braida, en tanto, resumió la expectativa de su comunidad en el deseo de que el Papa “nos ayude a superar nuestras diferencias” y a trabajar por una Argentina mejor.
El reclamo de los obispos se vincula además con la necesidad de construir puentes y evitar los agravios. En marzo, durante una reunión, rezaron: “Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor”. García Cuerva recibió en redes la respuesta de un asesor del Ministerio de Economía, quien dijo estar “cansado de este tipo” y aclaró que hablaba “como católico”. Rossi planteó que nadie suele dar la bienvenida a quien está del otro lado de la grieta, mientras que el lema de la visita papal es “Bienvenidos todos”.
La eventual visita de León XIV a la Argentina está prevista entre el 8 y el 11 de noviembre. El Papa cuestiona la guerra, promueve el diálogo interreligioso y denuncia la injusticia; en el país, esa orientación tendrá una expresión en el acto interreligioso del Palacio San Martín. Según Rossi, se trata de un hombre manso, “más silencioso que Francisco, pero cuando habla no anda con chiquitas”.
La discusión sobre la grieta, plantean los pastores, no debería limitarse a la disputa partidaria. El eje está también en la desigualdad entre trabajadores, sectores medios y personas marginadas, frente a las minorías económicas y partidarias. En los últimos seis meses, dos millones de compatriotas más cayeron en la pobreza, una situación que los obispos consideran imposible de ignorar ante la llegada del Papa.