Los Pickles: música, cuidados y comunidad desde un taller de salud mental

Los Pickles construyeron una experiencia artística y comunitaria a partir de un taller vinculado al Hospital Neuropsiquiátrico Provincial. Con el tiempo, el espacio incorporó a pacientes ambulatorios y estudiantes universitarios, y se afirmó como una banda en la que la creación musical convive con una red de acompañamiento entre sus integrantes.

El primer paso fuera del ámbito hospitalario llegó con una invitación para tocar en Cocina de Culturas. Según recordó Diego de la Torre, productor artístico del espacio, la necesidad de elegir un nombre surgió entonces. La denominación fue el resultado de una discusión atravesada por el humor: frente a la imposibilidad de llamarse Los Beatles, el grupo eligió Los Pickles. Para De la Torre, la referencia expresa la convivencia de estilos, trayectorias y propuestas diversas dentro de una misma formación.

Del prejuicio al reconocimiento en escena

La consolidación del proyecto no estuvo exenta de resistencias. Juliana Zapata, coordinadora general y facilitadora, señaló que el estigma sobre quienes utilizan servicios de salud mental también aparecía en los entornos cercanos. Explicó que algunas familias comenzaron a reconocer el lugar de los integrantes como músicos al verlos cantar y tocar frente al público.

Actualmente, la banda reúne a unas 20 personas. De la Torre describió una dinámica marcada por el cuidado mutuo y por la posibilidad de asumir un escenario sin vergüenza. Esa confianza, sostuvo, permite que cada integrante aporte desde sus capacidades y que la música funcione como una práctica compartida, antes que como una actividad individual.

El grupo no se presenta como sustituto de los tratamientos de psiquiatría o psicología. Su aporte, explicó De la Torre, está ligado a ofrecer una actividad que ordena, reúne y habilita vínculos. Desde esa perspectiva, el proyecto busca complementar los abordajes de salud mediante una experiencia sostenida de participación social y artística.

Una organización horizontal para sostener el proyecto

Zapata vinculó la fortaleza de Los Pickles con el entramado afectivo que lograron construir. En ese recorrido, la banda grabó dos discos y realizó tres videoclips, logros que, según planteó, no habrían sido posibles sin el apoyo entre compañeros. La facilitadora también contó que su paso por el espacio, al que llegó como practicante antes de recibirse de psicóloga, influyó tanto en su formación comunitaria como en su vida personal.

La red también tiene expresiones materiales. De la Torre mencionó la entrega de bolsones de alimentos, viajes a Mar del Plata y al interior provincial, el acceso a instrumentos de primera calidad y la posibilidad de contar con una sala propia para ensayar. Son recursos y experiencias que, remarcó, adquieren otra dimensión al ser organizados de manera colectiva.

Para distribuir responsabilidades, las decisiones se debaten en asamblea y se resuelven por mayoría. Zapata y De la Torre prefieren definirse como facilitadores: su tarea, explicaron, consiste en generar condiciones para que las iniciativas del grupo puedan concretarse. Ese criterio también alcanza a las presentaciones, con cuidados vinculados al calor, la disponibilidad de agua, la merienda y el cumplimiento de los acuerdos con quienes convocan.

Así, Los Pickles sostienen una propuesta donde tocar, componer y subir a un escenario forman parte de una construcción más amplia: la de un espacio colectivo en el que el arte abre posibilidades de encuentro, pertenencia y cuidado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *