El delantero repasó el regreso del Lobo a Primera después de 41 años, la definición por penales ante Deportivo Madryn y su afición por la música.
Luciano Cingolani llegó a Gimnasia de Mendoza en enero del año pasado y, durante su primera temporada, integró el plantel que consiguió el regreso del club a Primera División después de 41 años. En diálogo con Olé, el delantero describió ese logro como un orgullo y sostuvo que quedará marcado en su carrera profesional.
El atacante explicó que la campaña superó sus expectativas y destacó la conformación de un grupo que mantuvo la regularidad durante todo el año, incluso en los períodos más difíciles, bajo la conducción de Ezequiel Medrán y Ariel Broggi. También recordó la final ante Deportivo Madryn: Gimnasia logró empatar en la última jugada, tuvo oportunidades durante el alargue y finalmente se impuso en los penales. Cingolani pateó primero porque se sentía confiado.
Ya en la máxima categoría, Gimnasia cumplió rápidamente el objetivo de la permanencia y permaneció varias fechas en lo más alto de la tabla. Cingolani consideró que el equipo realizó una campaña muy buena, aunque señaló que para la próxima temporada la prioridad será alcanzar mayor regularidad y consolidarse en Primera. A su entender, pensar en la clasificación a copas todavía sería apresurado.
El próximo desafío será el clásico del sábado frente a Independiente Rivadavia, partido que puede definir la clasificación a los playoffs del Clausura. El delantero afirmó que el duelo se vive de manera distinta por su importancia para la ciudad y anticipó un encuentro friccionado y emotivo. Gimnasia depende de sí mismo para avanzar, mientras que la clave, según Cingolani, estará en mantener la calma y controlar el desarrollo del juego.
Fuera del fútbol, el jugador también contó que cultiva su pasión por la música. Su padre, que toca la guitarra y canta, lo acercó a esa actividad desde chico: aprendió a tocar la guitarra a los 10 años y comenzó con el piano durante la pandemia, cuando tenía más tiempo libre.