A los 36 años, el exmediocampista recordó su salida del club, el frustrado paso por Racing de Santander y su nueva vida como profesor de pádel en Valencia.
Maxi Sepúlveda llegó a Boca con 10 años, después de formarse en equipos de Moreno. En las Inferiores fue considerado una de las grandes promesas de su categoría y, tras el debut de Fernando Gago y la presencia de Ever Banega, dentro del club se hablaba de él como el siguiente mediocampista con posibilidades de llegar a Primera.
El fútbol, sin embargo, no siempre fue un sueño para él. Sepúlveda contó que desde chico lo asumió como un trabajo y que sintió una presión constante por ayudar a su familia. También relató que perdió parte de su infancia y que en más de una ocasión regresó llorando a Moreno después de los entrenamientos o los partidos.
En 2006 dejó Boca para viajar a España por la patria potestad. Según explicó en una entrevista con Olé, representantes españoles le habían ofrecido a su familia una oportunidad concreta y la posibilidad de que su padre consiguiera trabajo. Pero al llegar a Santander descubrió que no existía el contrato prometido: debió entrenarse a prueba en Racing y no pudo ser incorporado porque había llegado como extracomunitario.
El entrenador Miguel Ángel Portugal pidió que le tramitaran la documentación para que se quedara, aunque la operación no prosperó. Sepúlveda sostuvo que fue engañado por los representantes que lo llevaron, quienes luego desaparecieron y, de acuerdo con lo que él se enteró con el paso del tiempo, habían solicitado una comisión muy alta al club español.
“Llegué a odiar el fútbol”, resumió al recordar aquella etapa. Ya retirado, vive en Valencia junto con su esposa y sus hijos, y se dedica al pádel, una actividad que practicaba desde los ocho años y que hoy enseña en su propia academia.