El capitán argentino quedó apartado del altercado posterior a la final, que terminó con España campeona y la Albiceleste como subcampeona.
España se consagró campeona del mundo después de completar un torneo en el que recibió apenas un gol en ocho partidos, la menor cantidad concedida por un campeón en las 23 ediciones de la Copa del Mundo. Además, nunca estuvo en desventaja y su único encuentro sin triunfo fue el empate 0-0 frente a Cabo Verde en la jornada inaugural.
Luego del silbatazo final, la frustración argentina derivó en cruces con futbolistas españoles. Nahuel Molina y Leandro Paredes encararon a integrantes del seleccionado campeón, mientras que el mediocampista protagonizó un altercado físico con empujones y golpes.
Lionel Messi se encontraba a pocos metros de la escena y giró la cabeza con gesto de decepción y vergüenza ante lo que ocurría. El capitán había quedado alejado del centro del campo, donde continuaba la trifulca entre algunos de sus compañeros y los jugadores españoles.
Argentina no consiguió rematar al arco durante los 90 minutos reglamentarios de la final. Emiliano “Dibu” Martínez evitó que la diferencia fuera mayor con 11 atajadas, la cifra más alta registrada en una final mundialista. El arquero también terminó con 62 toques de balón y 46 pases intentados, por encima de cualquier jugador de campo argentino.
Después de recibir la medalla de subcampeón, Messi rompió en llanto por la derrota en la segunda final mundialista de su carrera. El argentino quedó con los récords de más partidos disputados en Mundiales, con 34, y más asistencias, con 12, además de ocupar el segundo lugar entre los máximos goleadores, con 21 tantos.