El vínculo con el equipo argentino no tendría por qué terminar cuando cierre su etapa dentro de la cancha: su experiencia, sus relaciones y su credibilidad podrían mantenerlo cerca, sin un cargo formal ni exposición permanente.
El partido contra Benín en el Monumental marcará la última presentación de Lionel Messi con la camiseta argentina. Así concluirá una etapa de más de 21 años, iniciada en 2005 frente a Hungría y extendida durante exactamente 7.720 días.
La salida de la cancha no implica necesariamente el alejamiento de la Selección. Messi atravesó distintos ciclos, convivió con entrenadores y generaciones de futbolistas, sufrió derrotas en finales, soportó cuestionamientos, renunció y regresó antes de ganar todo como líder del grupo más exitoso de los últimos tiempos.
A ese recorrido se suman los vínculos que construyó y el conocimiento de los códigos del vestuario. También cuenta con llegada a los jugadores y con una credibilidad que no depende de un nombramiento. A los 39 años, continuará disponible para jugar en el Inter de Miami, aunque ya no lo hará para el equipo argentino.
La experiencia de Manu Ginóbili en San Antonio ofrece un antecedente. Tras su retiro, los Spurs conservaron cerca a quien había contribuido a construir la historia de la franquicia y había ganado cuatro de sus cinco títulos, sin asignarle un cargo ejecutivo ni imponerle horarios.
Un esquema similar permitiría que Messi aparezca, aconseje, acompañe o participe cuando considere que puede ser útil. Podría conversar con un juvenil, un futbolista o un entrenador, acompañar al plantel o mantenerse al margen cuando no tenga nada para aportar, sin convertirse en técnico, dirigente o manager ni quedar expuesto de manera permanente.