Limitar las sesiones, clasificar las pertenencias y postergar algunas decisiones puede ayudar a reducir el agobio que provocan los objetos con carga emocional.
Una campera que ya no se usa, cartas antiguas o un mueble heredado pueden conservarse por razones que exceden su utilidad. Algunas pertenencias evocan etapas felices, mantienen presente a una persona querida o representan una historia familiar. Por eso, donarlas o descartarlas puede sentirse como una despedida y generar dudas, nostalgia o culpa.
Para comenzar, una alternativa es elegir un sector pequeño de la vivienda, como un cajón, un estante o una parte del placard, en lugar de intentar ordenar una habitación completa. Las pertenencias pueden dividirse entre las que se usan, las que tienen un valor afectivo significativo y las que ya no cumplen ninguna función. Trabajar durante 20 o 30 minutos y hacer una pausa permite avanzar sin convertir la tarea en una fuente de cansancio o frustración.
Otra propuesta consiste en seleccionar cinco objetos representativos de cada etapa de la vida. La cifra funciona como una referencia para limitar la acumulación y diferenciar los recuerdos que cuentan una historia de aquellos que se guardan por costumbre o miedo al arrepentimiento. El criterio puede adaptarse al espacio disponible, a la historia personal y a la importancia emocional de cada pertenencia.
Cuando un objeto ocupa demasiado espacio, es posible fotografiarlo o escribir una breve descripción sobre quién lo regaló, cuándo llegó a la familia o por qué fue importante. En el caso de las pertenencias heredadas, compartirlas con familiares, registrar su imagen o darles un nuevo uso son opciones distintas de conservarlas todas. Desprenderse de algunos objetos no constituye la única forma de preservar el afecto o la memoria.
Para las decisiones difíciles existe también la “caja del quizás”: allí se colocan los objetos que generan dudas durante un plazo definido de 30, 60 o 90 días. La caja debe tener un límite de espacio y una fecha de revisión, porque de lo contrario puede transformarse en otro depósito. Si la cantidad de pertenencias impide usar habitaciones, afecta la higiene o la seguridad de la vivienda, o provoca un malestar intenso, puede ser conveniente consultar con un profesional de salud mental. El trastorno de acumulación es una condición específica y no equivale simplemente a guardar recuerdos o sentir nostalgia.