La infección causada por la bacteria Yersinia pestis afecta directamente los pulmones, puede transmitirse entre personas y necesita tratamiento antibiótico dentro de las primeras 24 horas.
La peste neumónica, también llamada peste pulmonar, es la forma más grave y virulenta de las infecciones producidas por la bacteria Yersinia pestis. A diferencia de la peste bubónica, que afecta principalmente el sistema linfático, esta variante compromete de manera directa los pulmones y evoluciona rápidamente.
Su transmisión puede producirse de persona a persona mediante gotitas respiratorias expulsadas al toser, estornudar o hablar. También puede contagiarse por contacto directo con animales infectados. Por ese motivo, la identificación temprana de los signos clínicos resulta clave para interrumpir la cadena de transmisión.
Los síntomas suelen aparecer entre uno y tres días después de la exposición a la bacteria. El comienzo puede incluir fiebre alta repentina, dolor de cabeza intenso y debilidad marcada. Con el avance de la infección, pueden presentarse dificultad para respirar, dolor torácico y tos persistente.
Entre las manifestaciones del cuadro pulmonar se encuentra el esputo hemoptoico, es decir, mucosidad con secreciones sanguinolentas. La rapidez con la que pueden progresar las complicaciones exige una intervención médica inmediata ante los primeros síntomas febriles o respiratorios.
Sin antibióticos administrados de forma inmediata, la mortalidad de la infección se aproxima al 100%. El tratamiento debe comenzar dentro de las primeras 24 horas desde el inicio de las manifestaciones clínicas y puede incluir estreptomicina, gentamicina o doxiciclina.