Petiso Orejudo: la historia de Cayetano Santos Godino, el primer asesino serial argentino

Nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1896 y murió en 1944. Una investigación de Adrián Caetano reconstruyó sus ataques, el entorno de violencia en el que creció y su prolongado encierro.

Cayetano Santos Godino nació hace 130 años en Buenos Aires, en una familia de inmigrantes italianos marcada por la pobreza, el alcoholismo y la violencia. Su padre, Fiore Godino, golpeaba a su esposa y a sus hijos, mientras que Cayetano también sufría castigos físicos de su hermano mayor Antonio, quien padecía ataques de epilepsia.

Desde la infancia tuvo problemas de salud y dificultades para aprender. Fue expulsado de varias escuelas por su conducta y su bajo rendimiento, y a los cinco años ya recorría solo las calles de Almagro y Parque Patricios. Con el tiempo comenzó a perseguir animales, matar pájaros a piedrazos y provocar incendios en terrenos baldíos.

El 28 de septiembre de 1904, cuando tenía menos de ocho años, atacó a Miguel Depaola, de dos años, y lo llevó a un baldío donde lo golpeó y arrojó sobre unas espinas. Un policía intervino antes de que lo matara. Meses después hizo algo similar con Ana Neri, de 18 meses, a quien golpeó en la cabeza con una piedra. El primer homicidio que se le atribuyó ocurrió el 29 de marzo de 1906: María Rosa Face, de tres años, fue estrangulada y enterrada mientras aún respiraba.

Los ataques continuaron en los años siguientes. En 1908 intentó ahogar a Severino González Caló, de dos años, y quemó el párpado de Julio Botte, de 22 meses, con una brasa de cigarrillo. El 6 de diciembre de ese año, su padre lo entregó a la Policía y la Justicia ordenó internarlo en la Colonia de Menores de Marcos Paz, donde permaneció hasta diciembre de 1911. Tras recuperar la libertad, no logró sostener un trabajo en una fábrica y volvió a las calles.

En 1912 provocó incendios y atacó a varios niños. El 26 de enero asesinó a Arturo Laurora, de 13 años, mediante estrangulamiento. El 7 de marzo prendió fuego el vestido de Reyna Bonita Vainicoff, de cinco años, quien murió 16 días después. En noviembre intentó estrangular a Roberto Russo, golpeó a Carmen Ghittone y atacó a Catalina Neutelier; los tres sobrevivieron. La detención llegó después del crimen de Jesualdo Giordano, de tres años, ocurrido el 3 de diciembre de 1912. Godino fue al velatorio y el padre del niño lo reconoció.

Durante la investigación confesó cuatro homicidios y varios ataques e incendios. Las pericias médicas determinaron que tenía una discapacidad intelectual severa y en 1914 fue declarado inimputable, aunque se ordenó su internación por tiempo indeterminado. Adrián Caetano, quien investigó su vida junto con el ilustrador Juan Giribaldi, declaró a Crónica que no encontró en los documentos indicios de afecto hacia Godino y sostuvo que la historia también debía contemplar el maltrato, el abandono y la falta de cuidados que atravesaron su infancia.

Godino pasó por el pabellón de delincuentes alienados del Hospital de Mercedes, la Penitenciaría Nacional y, desde 1923, la cárcel de Ushuaia, donde permaneció durante sus últimos 21 años. En 1927 fue sometido a una operación para reducir el tamaño de sus orejas, vinculadas entonces con teorías criminológicas de Cesare Lombroso. Murió el 15 de noviembre de 1944, a los 48 años. La versión oficial atribuyó su muerte a una hemorragia relacionada con una úlcera gastrointestinal; también circuló la versión de que otros presos lo habían golpeado. Sus restos fueron enterrados cerca del penal, pero la tumba fue profanada y los huesos desaparecieron.

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