La proyección de un avance del 4% del Producto Bruto Interno es el punto que más distancia al proyecto de Presupuesto 2027 de las estimaciones privadas. Luis Caputo presentó las variables macroeconómicas previstas para el último año de gestión y el diagnóstico de los economistas consultados combina una aceptación relativa de la pauta inflacionaria con dudas marcadas sobre la actividad.
El Gobierno espera que la economía cierre 2026 con una expansión de 3% y que en 2027 crezca 4%. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado con pronósticos de consultoras, centros de estudios y entidades financieras, ubica el cálculo para el próximo año en 2,9%, mientras que para 2026 las previsiones se acercan al 2%.
Diego Piccardo, economista jefe de Fundación Libertad y Progreso, estimó un crecimiento cercano al 2,5%. Según su análisis, la incertidumbre electoral puede volver más cautos a los hogares frente al consumo y llevar a las empresas a postergar proyectos hasta contar con una mayor definición sobre el rumbo económico. Aun así, señaló que una reducción de esa incertidumbre podría darle a la actividad margen para aproximarse a la meta oficial.
Inversión y consumo, las claves bajo discusión
La Casa Rosada asigna a la inversión un papel central: prevé una suba anual de 9,2%. Federico Glustein consideró que los proyectos asociados al Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones pueden impulsar una mejora desde los niveles actuales, aunque calificó a esa meta como ambiciosa. Su reparo se vincula con la desaceleración que observa para 2026 y con la falta de un cambio de modelo que permita anticipar una acumulación externa de mayor magnitud.
Claudio Caprarulo, director de Analytica, también puso en duda los factores que podrían sostener ese ritmo de crecimiento en un año electoral. Mencionó la apreciación cambiaria y su efecto sobre los costos empresarios, además de la recuperación prevista para el consumo privado. Para el economista, el deterioro del mercado laboral abre interrogantes sobre si una menor inflación alcanzará para recomponer salarios reales y consumo.
Una meta de precios más cercana al consenso
La previsión oficial de inflación es de 18%, frente al 20% relevado por el último REM. Glustein la definió como relativamente coherente bajo una trayectoria de desaceleración sostenida, con registros por encima del 1%. Piccardo tampoco la consideró un escenario descabellado: recordó que la inflación de agosto fue de 1,7% y sostuvo que podrían verse valores inferiores antes de terminar el año, aunque Fundación Libertad y Progreso calcula una variación anual cercana al 21%.
Caprarulo señaló que el objetivo del Poder Ejecutivo supone un promedio mensual de 1,4% y lo evaluó como optimista, pero razonable. En el frente cambiario, el Presupuesto contempla un dólar de $1.847,6 al final de la gestión. Piccardo juzgó alcanzable ese nivel y destacó la capacidad de respuesta oficial ante una eventual volatilidad electoral, la acumulación de reservas y la menor posición vendida en futuros. Glustein, en cambio, planteó un tipo de cambio más bajo antes de las elecciones y menos apreciado después.
Comercio exterior: proyecciones sin el mismo nivel de reparos
El Gobierno proyectó un superávit comercial de bienes y servicios de u$s15.560 millones, con exportaciones por u$s133.984 millones e importaciones por u$s118.424 millones. Las ventas externas crecerían 7,3% y las compras, 9,5%. Federico Bernini, investigador de la Universidad de Buenos Aires especializado en comercio exterior, consideró que la meta exportadora puede cumplirse e incluso la describió como poco ambiciosa.
Bernini entendió que la pauta de importaciones resulta consistente con la expansión del PBI que prevé el Ejecutivo, pero precisamente cuestionó esa hipótesis de actividad. En su evaluación, para sostenerla debería crecer mucho la obra pública durante un año electoral.