El argentino alcanzó su mejor resultado en la séptima votación indicativa, aunque Rebeca Grynspan mantuvo el primer lugar con 11 respaldos.
Rafael Grossi obtuvo nueve apoyos, cuatro votos negativos y dos abstenciones de opinión en la séptima consulta indicativa del Consejo de Seguridad para definir al próximo secretario general de la ONU. El resultado ubicó al director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en el segundo lugar, detrás de la costarricense Rebeca Grynspan.
Grynspan reunió 11 respaldos y cuatro rechazos, mientras que la excanciller de Guyana Carolyn Rodrigues-Birkett quedó tercera, con ocho votos favorables, seis negativos y uno de “no opinión”. En el cuarto puesto se ubicó Lana Zaki Nusseibeh, de Emiratos Árabes Unidos, quien debutó en esta ronda con siete apoyos, seis rechazos y dos votos de “no opinión”.
La votación también registró cuatro apoyos y 11 rechazos para Olara Otunnu, de Uganda; dos respaldos, diez votos negativos y tres de “no opinión” para María Fernanda Espinosa, de Ecuador; y un apoyo y 14 rechazos para Ivonne Baki, también de Ecuador.
Grossi mejoró su desempeño respecto de la consulta realizada dos semanas antes, cuando había recibido ocho apoyos y seis votos negativos. Grynspan, por su parte, avanzó desde los nueve respaldos y cinco rechazos obtenidos en esa instancia. En la ronda anterior se habían usado papeletas de distintos colores para identificar, sin revelar el país, las posiciones de los cinco miembros permanentes. Grossi, Grynspan y Rodrigues-Birkett habían recibido entonces dos votos negativos de ese grupo.
La nueva consulta no permitió establecer si alguno de los cuatro rechazos a Grossi provino de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido, porque las papeletas no diferenciaron a los miembros permanentes del resto del Consejo. Para que el organismo recomiende una candidatura se requieren al menos nueve votos favorables y ningún veto de esas cinco potencias. Las votaciones indicativas, sin embargo, no constituyen la recomendación formal.
La elección todavía depende de un acuerdo entre las principales potencias, cuyas diferencias sobre la guerra en Ucrania, los conflictos en Medio Oriente y el programa nuclear iraní atraviesan las negociaciones. Grossi contaría con respaldo de la administración de Donald Trump, pero enfrenta cuestionamientos de Rusia por su actuación al frente del OIEA durante la guerra en Ucrania; China se inclinaría por Grynspan, cuya candidatura encontraría resistencias en Washington. Si el Consejo de Seguridad alcanza un acuerdo, el nombre elegido deberá ser enviado a la Asamblea General, integrada por 193 Estados.