Reino Unido enfrenta una combinación de deuda, bajo crecimiento y tensiones territoriales

El Brexit profundizó el deterioro económico iniciado tras la crisis financiera de 2008, mientras Escocia, Irlanda del Norte y Gales reclaman el derecho a decidir su futuro.

El Reino Unido atraviesa una etapa marcada por el endeudamiento, el estancamiento económico y una creciente disputa política con Escocia, Irlanda del Norte y Gales. A mediados de septiembre, los líderes de esas tres naciones emitieron un comunicado conjunto para reclamar el derecho a celebrar referendos de independencia y ejercer la autodeterminación. Fue la primera vez que tres de los cuatro países que integran el Reino Unido quedaron gobernados por fuerzas separatistas.

La crisis económica se profundizó después de 2008, cuando el sector financiero londinense sufrió una salida masiva de capitales hacia las bolsas de París y Frankfurt. Federico Vaccarezza, economista y profesor de política exterior del Reino Unido en el Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, declaró a Ámbito que el país perdió competitividad frente a los estándares europeos, quedó más endeudado y no logró una recuperación sostenible como la de otras economías del continente.

El Brexit de 2016 agravó ese escenario. El proyecto de una “Global Britain”, orientado a reducir la centralidad de la Unión Europea y reforzar los vínculos con Estados Unidos, las excolonias de la Commonwealth y el Indopacífico, no alcanzó los objetivos previstos. Según estimaciones del National Bureau of Economic Research, para finales de 2025 la salida del bloque habría reducido entre un 6% y un 8% el PBI británico, entre un 12% y un 13% la inversión, y entre un 3% y un 4% tanto el empleo como la productividad.

Gregory Thwaites, uno de los autores del estudio del NBER, sostuvo ante una consulta de Ámbito que las posibilidades de concretar acuerdos comerciales importantes y profundos son limitadas con la estrategia actual. Como alternativa, planteó que sería preferible intentar el regreso al mercado único y a la unión aduanera de la UE. La opción también aparece en las encuestas: YouGov registró que el 22% de quienes votaron por el Brexit en 2016 elegirían ahora reincorporarse al bloque; en un referéndum hipotético, el 52% de los británicos apoyaría esa medida y el 27% votaría por permanecer fuera.

La deuda pública supera el 100% del PBI y los bonos británicos presentan los mayores costos de endeudamiento entre los países del G7 mencionados en el análisis. El título estatal a 10 años tiene un rendimiento del 5,4%, frente al 5,2% de Estados Unidos, el 4,8% de Francia, el 4,5% de Italia, el 3,9% de Canadá, el 3,5% de Alemania y el 3% de Japón. Chatham House vinculó las tasas elevadas con el bajo crecimiento estructural, el aumento del gasto social y en defensa, la alta presión fiscal y la falta de respaldo financiero de la Unión Europea.

El deterioro económico también condiciona la relación entre Londres y las naciones que integran el Reino Unido. Vaccarezza señaló a Ámbito que el impacto de la salida de la UE fue mayor en Escocia, Irlanda del Norte y Gales, donde crece el interés por volver al bloque. Desde su perspectiva, la combinación de la crisis económica y las demandas nacionalistas configura una situación de mayor profundidad, cuya reversión requeriría un cambio urgente de políticas económicas y una importante disponibilidad de recursos por parte del gobierno británico.

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